El abandono escolar y la ley Sinde


Otro indicador importante pone de nuevo contra las cuerdas a nuestro sistema educativo. Casi uno de cada tres alumnos de 18 a 24 años abandona sus estudios antes de haber finalizado la enseñanza obligatoria. Supone más del doble de la media europea y, lo que aún es peor, ha venido empeorando en los últimos años. Una de las principales causas de este dato tan negativo fue la aplicación del principio de comprensividad o de integración de la enseñanza, pilar esencial de la derogada Logse, que ya había demostrado su ineficacia en otros países antes de implantarse en el nuestro. No se pueden ofrecer las mismas opciones educativas a los alumnos de los últimos cursos de la ESO sin tener en cuenta su nivel formativo, rendimiento, entorno socio-cultural y, sobre todo, sus intereses académicos o profesionales. La principal razón del abandono escolar está en la incapacidad para superar unos estudios por los cuales, además, no existe ninguna motivación. Los Gobiernos del PSOE nunca dieron el brazo a torcer, más preocupados por facilitar la promoción de curso o la obtención del título con dos o tres materias pendientes que de buscar soluciones para esos alumnos, obsesionados con dejar sus estudios, que se convierten en un auténtico estorbo en las aulas. Sin embargo, la realidad es terca, y el abandono escolar ha venido aumentando. El Gobierno rectifica, pero para que no se note mucho lo hace por la puerta de atrás. Al no haber conseguido la aprobación del pacto por la educación, decide nada menos que modificar la Ley Orgánica de Educación (LOE) con la Ley de Economía Sostenible, más conocida como ley Sinde, aprobada hace pocos días en el Congreso. El interesante debate sobre la piratería en Internet propició que una importante reforma del sistema educativo haya pasado inadvertida. Se incluyen en dicha ley prácticamente las mismas reformas que hace ocho años figuraban en la LOCE, del PP, que apenas pudo entrar en vigor. Por fin se recuperan los itinerarios; se modifica el 4.º curso de la ESO, que tendrá carácter orientador y diferenciado para estudios posobligatorios o para incorporación a la vida laboral; se flexibilizan los programas de cualificación profesional inicial o la movilidad entre formación profesional y otros estudios, etcétera. Hace mucho tiempo que se debía haber abordado este cambio. Ahora se hace tarde, mal y a rastras. No es buen momento para que la reforma dé sus frutos. Un 43% de los jóvenes están en paro. Tanto si continúan estudiando como si optan por trabajar van a tener muy difícil su inserción laboral.

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