ME CUENTO entre el no muy numeroso grupo de economistas que durante los largos años en que la anterior Xunta nos decía que la economía gallega iba bien, porque se acercaba año tras año a la media española del producto por habitante, argumentábamos a la contra con que tal éxito era un espejismo (técnicamente convergencia pasiva) porque no se debía a que nuestra economía creciese más que la media española, sino a que nuestra población crecía mucho menos. Hemos cambiado de Gobierno, llevamos año y medio creciendo una o dos décimas más que la media española y no voy a ser yo el que discuta que ésta es una senda virtuosa en la que hay que perseverar. Ahora bien, ante valoraciones triunfalistas creo que es bueno poner las cosas en su sitio. La economía gallega perdió peso en España entre los años 2000 y 2006 (según el INE pasamos del 5,18 % al 5,10 %). Aunque parezca una cifra minúscula, el lector debe saber que manteniendo y perseverando en la buena tendencia de los últimos 18 meses (creciendo dos décimas más que la media española) si el objetivo fuese recuperar el peso perdido en esos seis años, necesitaríamos no menos de ocho para conseguirlo. Dicho de otra forma: el buen ritmo actual aún no llega para compensar el mal ritmo anterior. Claro que las actuales valoraciones triunfalistas prefieren no hablar de nuestro peso en la producción española, sino de convergencia en producto por habitante. No es, ciertamente, lo mismo. Y sin duda con esas dos décimas de mayor crecimiento actual mantenidas en el tiempo las cuentas indican que si hoy estamos en el 82,8% de producto por habitante medio de España, llegaríamos en el 2018 al 100%. En doce años, lo que no dejaría de ser un éxito, tendríamos convergencia con crecimiento superior. Y ahora me pregunto: ¿ya no hay espejismo?, ¿ya toda la convergencia es activa?, ¿ya no es pasiva? Siento echar agua fría a la sopa. En una pequeña parte sería activa, pero en gran parte no. Porque con esas dos décimas más de crecimiento actual de la economía gallega -prolongadas en el largo plazo- si suponemos que nuestra población tiene un crecimiento semejante al del conjunto de España, en el 2026 aún estaríamos en el 86% del producto por habitante medio de España. Esta simulación pone de manifiesto que aquel resultado del 100% en el 2018 en gran parte obedece a suponer que nuestra población seguirá creciendo a tasas siete veces inferiores a la media española. Y así, un rasgo demográfico calificado de preocupante se convierte en motor decisivo de la convergencia. Porque cuando lo desactivamos (y no creo que fuese malo acompasarnos al comportamiento demográfico medio español) aquellas dos décimas de mayor crecimiento económico actual sólo dan para una muy parsimoniosa convergencia activa. Es por eso que habría que ser más ambiciosos y menos triunfalistas.