El aliento en la nuca

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

22 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

EL ORIENTE MEDIO se prolonga geográficamente hacia occidente desde el mar Rojo hasta Mauritania, en una extensión que abarca el norte musulmán africano y define el sur que nos es más próximo y también más amenazante. Un profesor marroquí de taekuondo arrestado en Reus (Tarragona) resultó estar al mando de 35 combatientes islámicos enviados a Irak desde Cataluña y ser el responsable local de una red de comandos con adiestramiento en el manejo de armamento químico, pesado y semipesado. Es una de las 325 personas detenidas en España desde el 11-M, de las que varias docenas pertenecen a una nueva estructura aglutinada bajo el nombre de Al Qaida por el Magreb islámico que, con un potencial de unos mil combatientes, reúne los efectivos y la logística de grupos como el Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), el Grupo Islámico de Combatientes Marroquí (GICM) y el Grupo Islámico de Combatientes Libio (GICL). Es una repetición de la alianza del wahabismo de Bin Laden con los Hermanos Musulmanes de Zawahiri, con el propósito de aprovechar para su entrenamiento la dispersión que ofrece el desierto del Sahel, y la cobertura de camuflaje que permiten las bandas de tuaregs, en favor de un ejército de terroristas para quienes el acto de vivir con el cinturón de explosivos puesto sea tan natural como dormir, suicidarse y matar. El Centro Nacional de Inteligencia español, la Comisaría de Información de la policía, el fiscal general del Estado y el fiscal jefe de la Audiencia Nacional coinciden en la advertencia de una amenaza cuya envergadura y diversidad no son los únicos en ponderar. Y mientras el secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, anuncia la creación de un mando africano para proteger el petróleo de Nigeria, Gabón, Angola, Guinea Ecuatorial y Argelia, la inteligencia británica centra sus esfuerzos en la investigación de un terrorismo de cepa doméstica, localizado en el Reino Unido pero con ágiles relaciones en Pakistán. Lo peor, según el MI5 , es el alto costo de unas operaciones antiterroristas que exigen miles de horas y docenas de agentes para el seguimiento de unos sospechosos de activismo islámico que en el 2001 eran 250 y hoy alcanzan la cifra de 1.600. No tantos comparados con los 100.000 que, según una encuesta realizada en Londres, justificaron los atentados en esa ciudad.