OTRA vez tuvieron que manifestarse esta semana para que les hagan caso. Es la releche. Recortaron siluetas de vacas y las llevaron hasta Porta Faxeira, donde se alzaba una de las entradas de la muralla de Compostela, el camino natural entre la Alameda y la Catedral, para informar a los consumidores. Al lado de la rúa do Franco, donde Cunqueiro escribió que sabían mejor las tazas de vino por el sonido de la campana de la Berenguela. Pero esto va de tazas de leche, no de vino. Hablo de los productores de leche, a los que les hemos dado la espalda. La industria les asfixia y nosotros miramos para otro lado con un vaso de leche en la mano y un bigote blanco en la cara, claro. Les damos la espalda a ellos y a toda una cultura. Queremos cambiar el modelo del millón de vacas por el del millón de coches sin más. Dejamos el rural y vivimos hacinados en las ciudades y en las villas y luego nos extrañamos de que los centros de salud estén saturados y de que no haya dónde dejar los coches. Estamos cambiando de vida sin saber hacia dónde vamos y, peor, queremos olvidar de dónde venimos. Nos gusta mucho ir a la aldea el fin de semana para salir corriendo con el coche lleno de grelos y japoneses. Pero nada más. Las cuentas de la lechera son muy sencillas. Dicen los productores de leche que antes les pagaban 50 pesetas por litro y la industria vendía a 75 pesetas. Ahora les dan 30 céntimos de euro (48 pesetas) y la industria revende de 75 céntimos (unas 125 pesetas) para arriba. El dueño de las vacas siempre se lleva la peor parte. Ser agricultor o ganadero en este país es una ruina. Desde la Administración deberían hacer algo más. Galicia produce el 25% de la leche que se consume en España. Ya está dicho, Touriño y Quintana deberían saber que blanco y en botella... cesar.casal@lavoz.es