La crispación viene ahora

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

12 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

QUIEN haya pensado que la manifestación del sábado era un desahogo y que tras ella vendría la calma se equivocó. Las declaraciones que han seguido a esa expresión de partido ofrecen tres indicios que marcarán el clima político de los próximos tiempos. Primero, porque se han encendido más los ánimos. Segundo, porque se ha demostrado que la movilización no era un objetivo en sí misma, sino un peldaño más en la estrategia del PP. Y tercero, porque ha situado al PSOE en la necesidad de defenderse con un buen ataque, como mandan los cánones de las repuestas al asedio. Vayamos por partes. A toda gran acción sucede la explotación del éxito, y Mariano Rajoy la comenzó. Lo hizo sin intermediarios, presentándose personalmente en la rueda de prensa que sigue a la reunión del comité de dirección. Y se le ha notado feliz, como corresponde a quien demostró esa capacidad de convocatoria. Tan feliz que se sintió líder de españoles de toda ideología, sin pararse a pensar que fue su partido, no otro, quien convocó, reunió y puso los autobuses. Desde esa visión de España congregada en torno a él, seguirá su política de cerco, porque se siente respaldado por la sociedad. Así que su primer propósito es repetir experiencia, y el próximo sábado lo tendremos en Pamplona en otro baño de multitudes. Esa sí que será una manifestación preventiva, por dos razones. 1) No está demostrado que Zapatero quiera incorporar Navarra a Euskadi. Y 2) Aunque quisiera, no es una invención suya, sino algo previsto en la Constitución, redactada un cuarto de siglo antes de que Zapatero llegara a la Moncloa. Pero como ETA y Batasuna lo piden, hay que manifestarse contra él. Es decir, que no se organiza una movilización para demostrar que Navarra es navarra y española, sino para darle una patada al Gobierno. Es como si alguien le montara una trifulca al presidente de Castilla y León porque el BNG invoca derechos históricos de Galicia sobre alguna zona del Bierzo. Y la tercera parte es la reacción del PSOE. Podía sentirse tocado, bajar la cabeza y decir que Rajoy tiene razón. Pero los socialistas se han puesto tiesos, y pasan a la ofensiva por boca de José Blanco: «Hay que defender a España de un líder como Rajoy». De mensaje recibido, nada. De concesión a los manifestantes, ni agua. De reconocimiento de una mínima razón en la protesta, cero. Todo lo inscriben en una estrategia de conquista del poder. Rajoy quiere jubilar a Zapatero, y Zapatero manda guillotinar a Rajoy. Olvidémonos, pues, de cualquier diálogo o aproximación. Para el PP, el asedio va bien. Para Zapatero, reconocer algo es perder. Con esos datos y discursos, no esperemos cambios: la crispación no ha hecho más que empezar.