SE imaginan ustedes al cobrador del frac o al torero de los morosos detrás de los diri-gentes del fútbol español, allá a dónde vayan. De palco a palco, para señalar con su molesta sombra que su gestión ha sido un desastre. No hay cómo preguntarle a los ciudadanos por los asuntos que nos afectan a todos. Más del setenta por ciento de los gallegos rechazan las ayudas que recibieron y que reciben los clubes de fútbol profesional, según el barómetro de invierno de Sondaxe. Normal. Hacienda somos todos. ¿O no? Parece que no. Temporada tras temporada, vemos cómo a los presidentes del fútbol español se les permite de todo, hasta números infrarrojos, mientras que el vecino que se salta una letra tiene detrás una legión de perseguidores que no le dejan pegar ojo. Con el fútbol se cumple el dicho famoso: si debes un millón al banco, tienes un problema. Si debes mil millones, el que tiene el problema es el banco. Es una vergüenza que la deuda reconocida de los clubes se aproxime al medio billón (con b de bribones) de pesetas. Moroso es el que no paga. Y deleite moroso es el que practica quien, además, se regodea desde el palco.