AUNQUE es posible trasladar al inglés en su literalidad la frase que titula esta columna, no creo que los británicos pudieran entender -y, por tanto, traducir- el tosco espíritu antiilustrado que expresan unas palabras que son desde hace mucho, por desgracia, santo y seña de la política gallega. Tanto, que quizá el cambio prometido por Touriño consistía promordialmente en acabar con el «aquí pasou o que pasou». En acabar con él y en sustituirlo por el comportamiento racional y transparente característico de las modernas sociedades democráticas. Indo ao caso: una descomunal ola de incendios produce una catástrofe que no tiene precedentes y, tras ella, las inevitables dudas razonables sobre los motivos que la han ocasionado y sobre si los poderes públicos han estado a la altura de las circunstancias o, por el contrario, han contraído al combatirla alguna responsabilidad por omisión o por acción. ¿Qué es lo lógico en un caso como éste? Pues abrir los cauces procedentes para averiguar lo que ha ocurrido en lugar de limitarse a responder con el ya típico «aquí pasou o que pasou»... y a otra cosa, mariposa. ¿Se imaginan ustedes que los médicos, los ingenieros o los asesores financieros contestaran de ese modo a sus clientes cuando algo no ha funcionado con arreglo a lo previsto? No, no se lo imaginan, porque ya sólo Iberia se cree con derecho a tratar a la baqueta al personal y a responder a sus legítimas preguntas con ese burrancón y chocarrero «aquí pasou o que pasou». Bueno, Iberia y también, al parecer, para sorpresa de todos los que habían confiado en el cambio prometido, la actual Xunta de Galicia. ¿Cuántas veces le habrán oído ustedes a Touriño eso de que iba a colocar el Parlamento en el centro de la política gallega? ¿Y cuántas a Quintana que Fraga tenía aversión a la cámara gallega? ¿Qué no dijeron uno y otro, ¡con toda la razón!, mientras el PP se negó a constituir la comisión de investigación sobre el desastre del Prestige? La que ahora pide la oposición sobre la ola de incendios que ha calcinado 86.000 hectáreas de Galicia en quince días es, como aquélla, absolutamente indispensable, y negarse a constituirla supone, por ello, una absoluta falta de respeto a quienes hemos sufrido esta tragedia. De insistir en su negativa, los gallegos sólo podremos pensar de este Gobierno lo que pensábamos del Gobierno del PP cuando actuaba exactamente de ese modo: que algo tendrá la Xunta que esconder. Su respuesta ante esta crisis será, pues, una prueba de fuego para el cambio, que podría salir de la ola de incendios como acaba de salir una buena parte del país: achicharrado.