Evitar los incendios es tarea de todos

Mª MERCEDES CASAL JIMÉNEZ

OPINIÓN

07 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

TENEMOS en Galicia una nueva oleada de incendios forestales repartidos por todo el territorio y con una virulencia tal que llegó a ocasionar, lamentablemente, la muerte de dos mujeres y un hombre en Cotobade. En estas situaciones se reúnen varios factores estructurales, como las altas temperaturas reinantes, las largas sequías o la gran acumulación de biomasa combustible, por ejemplo. Pero tema aparte es el de la causalidad, que requiere de profundos análisis y reflexiones sociales específicas, e incluso el apoyo de cambios sociales y de actitudes ciudadanas, como preconizaba Álvaro García Ortiz, fiscal coordinador de Incendios del TSXG, en su artículo en este periódico el 6 de agosto. Una de las causas estructurales importantes es la gran cantidad de biomasa combustible que se encuentra en las áreas forestales. Desde 1990 se sucedieron muchos veranos lluviosos que fueron uno de los factores de mayor influencia en el aumento de biomasa vegetal en los montes. La tendencia natural de aumento de biomasa en matorrales, bosques y masas arboladas no llevó emparejada durante este tiempo una mejor gestión enfocada a la prevención de incendios forestales. Tenemos que recordar que los ecosistemas forestales (que ocupan en Galicia un 67% de la superficie geográfica, uno de los porcentajes más elevados de la UE), son enormes productores de bienes: desde madera, frutos o caza, hasta valores paisajísticos y psicológicos que resultan importantes en turismo, en salud humana, en educación y cultura. Hay que recordar igualmente que la vegetación produce además otros bienes de tipo global y que muy pocas veces tenemos en cuenta: produce el oxígeno que respiramos, descontamina el aire, ayuda a fijar el CO2 de efecto invernadero, protege el suelo, regula el ciclo del agua y las lluvias, evita inundaciones y un largo etcétera. Tenemos en nuestro territorio ecosistemas forestales y paisajes únicos en Europa. Sobre estos casi 2 millones de hectáreas de superficie forestal que tiene Galicia, el efecto de los incendios es no sólo importante por su extensión, sino por la enorme gravedad de los efectos biológicos y ecológicos que desencadenan, destacando entre todos ellos la pérdida de diversidad de especies animales y vegetales, la pérdida de calidad y fertilidad del suelo por erosión, la fragmentación de ecosistemas, la extinción de poblaciones y de especies, la destrucción de hábitats, muchos de los cuales están valorados en la UE por su gran importancia y contemplados como parajes de especial interés. Existe ya en Galicia una información científica relevante en muchos campos, especialmente en aspectos físicos del combustible, en aspectos edafológicos y ecológicos, llevada a cabo desde las universidades y centros de investigación. Toda esta información generada desde hace años pone de relieve continuamente los inmensos daños que los incendios producen en nuestros montes. En consecuencia, parece que el mejor incendio forestal es aquel que no se produce, pero esto, que resulta tan obvio, en algunos países se ha vuelto en contra, al generar una situación de riesgo de incendios muy violentos por acumulación de grandes masas vegetales. Es muy necesaria una política que refuerce enormemente la prevención, pero también debe diseñar perfectamente cómo realizar la gestión de la vegetación y los sistemas forestales. Hay una serie de recomendaciones orientadas a la prevención que repetidamente venimos haciendo y que se pueden condensar en los siguientes puntos: Se debe ordenar la vegetación combustible con criterios biológicos, ecológicos y sociales y se deben evitar al máximo las especies más susceptibles de incendio y de rechazo social, como preconiza desde hace años la UE. Los usos tradicionales de la vegetación, como el pastoreo, tienen excelente cabida en esta ordenación. En segundo lugar, se debe reforzar la información y potenciar la educación de toda la población en materia de incendios, desde el convencimiento de que sólo una sociedad conocedora del problema podrá afrontarlo responsablemente en el futuro. En tercer lugar, es precisa una vigilancia especial a lo que se denomina en los países mediterráneos la economía del fuego , evitando cualquier situación lucrativa, para particulares o colectivos, derivada de incendios, tal como pueden ser los cambios de uso del suelo, entre otros muchos a citar. Finalmente, hay que destacar que una buena administración del patrimonio biológico de Galicia implica el disfrute del monte por todos los gallegos y también el alejar los peligros de los incendios forestales de las propiedades y vidas de todos nosotros. Pero una cosa tiene que estar muy clara: salvar nuestros montes del fuego es tarea de toda la sociedad gallega.