EL CURSO está finalizando. Los alumnos rinden sus últimas cuentas, con la esperanza de superar todas las materias con buenas calificaciones. Para muchos, éste ha sido un curso más, pero para otros es el final de una etapa importante y la antesala de una nueva muy diferente. Tal es el caso de los miles de jóvenes que han terminado el bachillerato y ahora tienen que tomar una trascendental determinación sobre su futuro académico o laboral. Y esta decisiva elección se está asumiendo, en muchos casos, a la ligera, por falta de una adecuada orientación y de un completo asesoramiento sobre todas las posibilidades que existen de estudios, profesiones, mercado de trabajo, becas y ayudas al estudio, etcétera. Es increíble la gran carencia de información que hay, precisamente en nuestra sociedad de la información y de la comunicación. Al finalizar el bachillerato, un alto porcentaje de alumnos sigue optando por acceder a la universidad. España tiene una de las tasas más altas de la Unión Europea en estudiantes universitarios. El problema está en que, en este nivel de enseñanza, la oferta educativa es mucho mayor que la demanda laboral. Solamente en Galicia tenemos cerca de un centenar de titulaciones superiores diferentes y nada menos que 168 si contamos la totalidad. Continúa siendo objetivo fundamental que los hijos alcancen un título superior. Persiste la imagen del universitario en puestos de alta consideración social y económica; pero las estadísticas vienen demostrando lo contrario: a ese nivel llega una minoría y el resto se está subempleando. Los técnicos de formación profesional (FP) en general, y los superiores en concreto, tienen cada día un mayor y mejor grado de inserción laboral. Más del 60% de los alumnos encuentran trabajo, de su especialidad, en los seis meses inmediatos a la finalización de los estudios. Y cuentan con una variada oferta de titulaciones repartidas en 22 familias profesionales. Las prácticas que tienen que realizar en empresas les abren una buena puerta al mercado laboral. Los alumnos que superen la prueba de selectividad y quieran acceder a la universidad deberán elegir su carrera con suficientes elementos de juicio y con la coordinación entre la familia y el centro docente. Es muy importante conseguir el equilibrio de tres factores fundamentales: vocación o intereses del joven, sus aptitudes o capacidades y las expectativas profesionales. Nunca se debería elegir un camino definitivo sin contar con una adecuada orientación educativa y profesional. Los centros docentes disponen de profesionales especializados que pueden informar a los padres y al propio alumno sobre las mejores opciones posibles. Y hay que tener en cuenta, además, que cada día deberá calar más en nuestra sociedad la idea de la formación permanente, de la formación a lo largo de toda la vida. Se puede ser culto y bien formado sin necesidad de tener un título superior; pero si además se quiere conseguir éste, existen hoy múltiples y adecuadas ofertas para hacerlo, incluso trabajando.