Nuevo «percance» financiero

| VÍCTOR MORO |

OPINIÓN

09 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

UN DESTACADO comentarista financiero de La Vanguardia con el que mantuve alguna relación profesional durante mis años en Barcelona, denominaba percances a las situaciones excepcionales de las empresas. Allí, aunque hubiera quiebras y suspensiones de pagos, se eludía llamarlas por su nombre. Tampoco las graves negligencias financieras de chiringuitos fantasma que ofrecían grandes rentabilidades y terminaban llevando a la ruina a multitud de ahorradores eran analizadas con el rigor que sus dolosas prácticas merecían. Los quebrantos provocados por el Consorcio Nacional del Leasing y por alguna otra entidad financiera captando ahorro sobre los precios del mercado, parecen haberse olvidado. Pensando en gallego, nunca comprendí la virtud catalana de dulcificar todo aquello que pudiera perjudicar su imagen, tanto en lo político como en lo social o económico. Los trapos sucios los lavan en casa. Aunque cuando escribo, las noticias todavía son confusas, las fulminantes detenciones de los directores de las compañías afectadas, Acinsa y Fórum Filatélico, y el desalojo y registro de algunas de sus sedes, entre ellas la de Vigo, presagian que presuntamente estamos ante un nuevo percance financiero con gran número de afectados. No obstante, en este momento se desconoce el motivo de tan fulminante actuación judicial sugerida por la Agencia Tributaria bajo la dirección de la Audiencia Nacional. Bien pudiera tratarse de anomalías de carácter económico fiscal que no afecten a su solvencia patrimonial y, por lo tanto, no deriven en quebrantos para miles de inversores filatélicos atraídos por rentabilidades atractivas, aunque peligrosas. El rigor y la solvencia de las instituciones dedicadas a la captación de ahorro requiere una estrecha vigilancia y control por los órganos reguladores. En principio, y esto se ignora por lo general, las entidades de depósito tienen los pies de barro aquí y en el mundo, pues su solvencia patrimonial es ridícula en comparación con los fondos ajenos que reciben y manejan. De su hábil y prudente colocación depende el ahorro nacional. Es decir, el patrimonio de todos los españoles. Cuando el Banco de España aconseja al mundo financiero prudencia en sus inversiones industriales lo hace desde su experiencia secular. Los problemas actuales de la Caixa son paradigmáticos. También Basilea apunta en el mismo sentido. No se puede acudir al mercado interbancario alegremente, en alarde de erróneo patriotismo. El mercado inmobiliario decrece y las hipotecas se encarecen. En tiempos de turbación no es aconsejable la expansión por la expansión. Por lo general, no debemos guiarnos por la estética de la dimensión, sino por la prudencia y preparación de profesionales acreditados, tanto técnica como moralmente.