EN EL período 1973-79 tuvo lugar la primera gran crisis petrolera mundial. Fue un impacto de oferta, por la formación de un oligopolio de la OPEP dirigido por el jeque Yamami. Apareció la estanflación (estancamiento con inflación), el retorno de las teorías apocalípticas del fin del sistema occidental y el hundimiento de la bolsa. Los gobiernos de los países importadores se habían lanzado a suicidas políticas de incremento del gasto público, expansión monetaria, proteccionismo y traslado a los vecinos de sus problemas. Eran tiempos de vigencia del keynesianismo vulgar, de intervencionismo corporativista por parte de los estados. La crisis se fue superando por la aplicación progresiva de las propuestas de estabilidad monetaria y liberalización económica. Los países productores, en su mayoría de regímenes autoritarios, aumentaron sensiblemente sus ingresos que acabaron reciclando, en la forma de petrodólares, hacia las propias economías occidentales. Las oligarquías petroleras reforzaron su poder político interno y su influencia económica en occidente mientras que seguían descuidando el desarrollo económico y social de sus propios países. Hoy, el alza del petróleo se ha originado desde la demanda, por el fuerte crecimiento internacional y en particular de dos países superpoblados como China y la India. Su componente esencial no se ha debido a las guerras de Afganistán o Irak; de hecho este último país sólo contaba con el 2% de la producción mundial. No obstante los conflictos civiles internos de Nigeria y la inestabilidad en Irán -países que conjuntamente producen el 8%- han colaborado al alza del crudo. Pero su detonante esencial es vía demanda. Lo más sorprendente de la situación actual es que la bolsa de valores no se ha resentido; el aumento de la energía está anticipado y las nuevas alzas sólo ocasionarán variaciones de las cotizaciones, pero en ningún caso su derrumbe. Por eso nos encontramos en una situación de récords de precios petroleros con niveles de máximos bursátiles. El aumento de la productividad, las innovaciones, la reestructuración productiva y el aumento de la población ocupada están sobrepasando el efecto de la factura petrolera. En Europa la política monetaria está desnacionalizada, cada país no podrá ir por su cuenta; y en EE.?UU. la reserva federal ya lleva tiempo con rigor monetario. Y las economías que han adoptado flexibilidad económica y medidas de liberalización siguen con importantes tasas de crecimiento. La cuestión pendiente es el de la redistribución de los costes e ingresos de las subidas. Es obvio que dictadores como Chávez y los oligarcas árabes tendrán de nuevo la opción de malgastar los ingresos en perjuicio de sus pueblos. Y entre nosotros es de prever que las personas asalariadas de bajo poder negociador, público o privado, serán las del bolsillo más afectado. El Estado incluso recaudará más. La naturaleza de las políticas decidirá la distribución final.