AVISO obligado. Escribo esta crónica con una grave carencia, pero insalvable: no se conoce, ni se conocerá en bastantes días, la letra de la sentencia del Tribunal Supremo que paraliza la opa de Gas Natural sobre Endesa. La falta de los razonamientos jurídicos en que se basó la decisión hace que este comentario sea parcial y sólo sobre indicios. Lo que más destaca es lo obvio: que algo tuvieron que hacer muy mal los aspirantes a quedarse con Endesa y quien los respaldó políticamente -el Gobierno Zapatero- para que su iniciativa lleve dos encontronazos con otras tantas instancias judiciales. Parecen primerizos. Tanto poder, tanto equipo jurídico trabajando en la mayor operación financiera que se ha planteado nunca en el sector energético, para no superar ninguna de las dos pruebas judiciales a que fueron sometidos. De esta forma, la opa ha perdido hasta ahora todas las batallas: la de opinión pública, porque no consiguió superar la imagen de acción propiciada por una clase política determinada; la mediática, consecuencia de ese rechazo social generalizado, salvo en Cataluña; la internacional, porque hizo que España sea vista en Bruselas como un país intervencionista, que vulnera la libre circulación de capitales en la Unión y, ahora, la judicial. Tal cosecha de resultados hizo que Mariano Rajoy sacara pecho ayer en Lérida. Lo que no consiguió en el Parlamento, lo quiere conseguir ahora a partir del lenguaje de los jueces: que alguien -supongo que piensa en el ministro de Industria, señor Montilla- asuma responsabilidades políticas. Queda, por tanto, cerrado el capítulo jurídico hasta que sepamos si hay recursos. Se abre una incógnita sobre el pago de otros mil millones de euros de fianza, y van dos mil, que parecen también un abuso sobre Endesa. Se presenta apasionante el problema político, porque será un espectáculo comprobar cómo se pasa factura al Gobierno, con las ganas que le tiene una parte de la opinión publicada. Y queda anotada la primera derrota en el haber siempre triunfante del señor Zapatero. Al cronista le intriga una incógnita. Cuando una sala del Supremo se divide en dos, con 18 votos a favor de Endesa y 14 en contra, ¿habrá sido escenario del mismo combate político que hemos vivido hasta ahora? ¿Se habrá trasladado al alto tribunal la misma división? ¿Será un reflejo de otras votaciones que vemos en el ámbito judicial, con una mayoría conservadora, que siempre coincide con el PP, y una minoría progresista, que siempre defiende las posiciones del PSOE? Si es así, la politización de la Justicia habrá asestado un duro golpe a su independencia y a su credibilidad. Y este cronista no lo puede descartar. Todo parece una gran batalla de poder.