Hace 31 años los Jemeres Rojos tomaban la capital camboyana, dando inicio a una de las peores pesadillas del siglo XX. En su intento de construir desde cero una sociedad nueva de base campesina, los comunistas de Pol Pot asesinaron a casi dos millones de personas.
16 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Después de una sangrienta guerra civil de cinco años, que había causado la muerte de al menos 600.000 personas, la entrada de los Jemeres Rojos en Phnom Penh significaba la derrota definitiva del régimen de Lon Nol, un títere de Estados Unidos. Esto explica que fueran recibidos con alivio por una población hastiada de violencia. Muchos querían creer que la caída de la capital camboyana daría paso a una era de paz. Pero se equivocaron: fue el inicio de una de las peores pesadillas del siglo XX. La primera orden de los «pequeños hombres surgidos de la selva» (como los llamó Jean Lacouture), aquellos jóvenes impasibles, que no sonreían jamás, vestidos de negro, con bufandas a cuadros rojos y blancos y sandalias Ho Chi Minh fue sorprendente. Casa a casa, piden a los habitantes que evacuen la ciudad. «¡Hermanos! Debéis abandonar Phnom Penh durante un corto período por vuestra seguridad. Tememos que los norteamericanos vengan a bombardear», los arengan. Estupefactos, sin ocultar su inquietud, se ponen en camino hacia las siete carreteras que rodean la capital. Incluso los enfermos que se encuentran en los hospitales deben partir. Con esa añagaza los Jemeres Rojos pretenden dos objetivos. Uno, a corto plazo, evitar cualquier peligro de que surja una oposición urbana. El segundo, de largo alcance: construir una nueva Kampuchea ?el nombre que adoptará Camboya? en torno a los campesinos pobres y los menos instruidos, a los que el líder jemer, Pol Pot, el Hermano número uno, llamaría «los diamantes de la tierra». En un hecho sin precedentes, prácticamente el 100% de los habitantes de Phnom Penh, dos millones de personas, fueron deportados a zonas rurales. En los primeros momentos, la locura destructiva de los Jemeres Rojos se centró en eliminar a los seguidores de Lon Nol. Pero, ya desde el principio, dividieron al país en dos castas, el pueblo antiguo y el pueblo nuevo o del 17 de abril. El primero estaba formado por los habitantes de las zonas rurales que ya estaban en manos de los comunistas desde hacía tiempo y eran considerados fiables. A los segundos, los que vivían en las ciudades, los consideraban impregnados de prejuicios capitalistas e imperialistas que había que extirpar. El pueblo nuevo quedó reducido a la esclavitud y posteriormente diezmado. Incluso, a partir de 1977, lo serían algunos componentes del pueblo antiguo y de los propios comunistas. Con la toma de Phnom Penh se iniciaba el año cero del nuevo régimen que pretendía instaurar el Angkar, la dirección colectiva comunista que actuaba como un dios todopoderoso y destructor. Su propuesta era destruir de raíz la vieja sociedad y sustituirla por otra nueva, de base agraria, autárquica, colectivista e igualitaria. Para ello, Pol Pot y sus secuaces eliminaron sistemáticamente a maestros, médicos, jueces, funcionarios, ingenieros, estudiantes, burgueses emboscados y otros profesionales liberales. Llevar gafas delataba a los instruidos y conducía a la muerte. Toda vida privada, alejada del Angkar, se consideraba sospechosa. El demencial experimento jemer se convirtió en un genocidio, cometido ante el silencio de la comunidad internacional. En menos de cuatro años de poder, su locura homicida causó cerca de dos millones de muertos en una población de ocho millones. El 53% de las ejecuciones se efectuaron por aplastamiento de cráneo y sólo el 28% por arma de fuego.