El primer héroe de la carrera espacial

Miguel Murado

OPINIÓN

Cuatro años antes, los soviéticos habían ganado la primera etapa de la carrera con EE.UU.: su «Sputnik» fue el primer satélite artificial en el espacio. Aquel 12 de marzo de 1961 volvieron a adelantarse al enviar una nave tripulada. Yuri Gagarin fue el piloto elegido para la gloria.

11 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace hoy 45 años, un hombre abandonó este planeta sin morir. Se trataba de Yuri Gagarin, el primer ser humano en viajar al espacio exterior. Sus 108 minutos de ingravidez sobre la Tierra no fueron sólo uno de los hitos científicos más importantes de todos los tiempos, también fueron un pulso ideológico entre dos gigantes en su guerra fría (la URSS y los Estados Unidos) y una historia humana de gloria y frustración para el propio Gagarin. Yuri Gagarin había nacido en 1934 en una localidad que hoy lleva su propio nombre, pero que entonces se llamaba Gyatst. Era hijo de campesinos y un estudiante no demasiado brillante, al parecer, pero su profesor de matemáticas, antiguo piloto de guerra, le transmitió su pasión por los aviones. Ya en la fuerza aérea, Gagarin se fogueó volando con su M-15 en el peor clima del mundo, el de los alrededores de la base ártica de Murmansk. Mientras, en Moscú había comenzado el deshielo. Stalin murió en 1953 y su sucesor, Kruschev, intentaba dar un giro al ideal soviético. Un giro hacia las estrellas. Cuatro años después, los soviéticos pusieron en órbita su primer Sputnik y un mes después enviaban al espacio al primer ser vivo: la perra Laika. A pesar de que Laika no regresó, el programa espacial recibió 3.500 solicitudes de pilotos que querían probar la experiencia. Uno de ellos era Gagarin, quien llegó a la final empatado con otro candidato, Gherman Titov. Si prevaleció Gagarin, se debió a que Titov pertenecía a una antigua familia de clase media. El Estado soviético quería que Gagarin fuese la demostración de que un hijo de la clase trabajadora podía conquistar la última frontera. Gagarin debía ser el homo sovieticus, el hombre nuevo. Lo era. Al preguntársele cómo era posible que hubiese dormido la noche anterior al lanzamiento, respondió: «Recibí la orden de dormir, era mi deber». Hoy sabemos que el vuelo estuvo, comprensiblemente, lleno de fallos y problemas; pero Gagarin mantuvo un buen ánimo en todo momento, comentando la belleza de la puesta de sol en el Pacífico oriental y del amanecer que vio sobre África. Los científicos no esperaban que sobreviviese, y la agencia TASS tuvo hasta el último momento sobre la mesa el comunicado con el anuncio de su muerte. Pero sobrevivió. Su nave cayó en territorio soviético y él pudo saltar en paracaídas antes. Lo encontraron unas niñas asustadas a las que tranquilizó: «Vengo del espacio, pero soy soviético como vosotras». En aquellos años de terror nuclear, los marcianos eran menos preocupantes que los enemigos norteamericanos. A partir de aquí comenzó el drama individual del primer héroe soviético al que se permitió el individualismo. El hombre que había sido entrenado específicamente para soportar la soledad fuera de la Tierra, no la soportó dentro, en ella. En público, Gagarin sonreía; en privado empezó a beber, hasta que en 1968, volando con un Mig-15, el mismo avión en el que había aprendido a pilotar, se estrelló en Kirzach. TASS pudo reutilizar su comunicado de siete años atrás. Existen seres en el espacio exterior. Son los cosmonautas. Y Gagarin fue el primero de ellos.