CARLOS G. REIGOSA | O |
02 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.LES JURO que alguna vez existió un Plan Galicia de infraestructuras que iba a compensarnos de los males del Prestige y de otras desatenciones seculares (que por entonces contabilizábamos como deuda histórica). Lo demuestran las encuestas de Sondaxe que todavía permanecen en mi memoria (y en las hemerotecas, claro, y que prueban que no fue un sueño de una noche de verano). En febrero de 2004, sólo el 19,4% de los gallegos manifestaba no saber qué era ese Plan Galicia. Siete meses después, en septiembre de aquel mismo año, ya eran más del 30% quienes decían no saber en qué consistía. No les quiero decir a ustedes qué resultados se obtendrían hoy, cuando todos parecen haber decidido que se olvide ese Plan Galicia, cuyo nombre aunaba energías y concitaba esperanzas; las muchas esperanzas de que, más allá del escepticismo y la frustración tradicionales, se abría un horizonte real y con calendario (a corto plazo) para solucionar los problemas de infraestructuras de Galicia. Pero, de repente, el disco dejó de sonar, y la canción del AVE Galicia-Madrid pasó de moda, engullida por la negra sombra del olvido. Hoy ni la propaganda política le pone fecha. ¡Y aún habrá quién diga que los gallegos somos escépticos!