SI LA hoja de ruta de Bush sobre la pacificación y el desarrollo de estructuras democráticas en Oriente Medio ha encallado, si no fracasado, la hoja de ruta del 11-M va viento en popa, con perdón de Zerolo, a toda vela. Ahí es nada: España descarrilada fuera del núcleo principal de Occidente, cambiando aliados como EE.?UU. o UK por nada menos que el sultán de Marruecos, Chávez, Morales y Castro. Un coladero para aumentar la gran amenaza para Europa de la inmigración ilegal islámica, y de las mafias del crimen organizado, que cada vez más envalentonadas por la casi impunidad e inanidad del sistema penal español campan a sus anchas. O la subordinación a los chantajes del sultán de Marruecos o de la madrastra Francia como siempre intentando debilitar a España, nacionalismos mediante. Y en lo interior: el desmantelamiento del sistema constitucional basado en la nación española, ahora ninguneada y humillada por quienes tenían la obligación no sólo moral sino política y legal de defenderla. La credibilidad de las instituciones constitucionales por los suelos, empezando por la presidencia del Gobierno, la Justicia amenazada por una doble pinza: la ETA y el propio Gobierno y sus socios. La depuración del disidente, la calumnia contra los liberales y los ciudadanos que no se resignan a ver destruida su nación, el sometimiento de las instituciones a las necesidades de ETA, la ambición separatista o la codicia del gran capital catalán a cuyas aspiraciones el actual Gobierno en vez de poner freno, jalea con la prensa y televisión del Movimiento, mientras maniobra para desactivar los mecanismos de contrapeso de poder constitucionales. La hoja de ruta del 11-M ha sido un éxito: mucho mal en poco tiempo. El proceso está llegando al punto de no retorno. El sistema constitucional español va a quedar inservible. Siniestrado Bono con su helicóptero y su fragata en guerra, menos mal que Vázquez se nos va al Vaticano a convertir infieles.