TOURIÑO inauguró ayer el que va a ser el símbolo de la nueva etapa de la Xunta, Monte Pío, con una recepción a los alcaldes de la Costa da Morte y Bergantiños. Hace tres años, muchos de ellos creyeron que las sombras que acechan a sus comarcas se disiparían con el Plan Galicia del PP. Pero aquellas promesas se encasquillaron tantos meses en los despachos que los que han llegado ahora a la Xunta ni siquiera tienen que matar el plan, sólo amortajarlo. Lo único tangible es que los problemas de la Costa da Morte trascienden a un petrolero, dos o tres. Esa zona ocupa la Galicia atlántica, pero padece las dificultades de la interior: despoblación, paro, envejecimiento. Es como un corazón infartado. Puede seguir latiendo, pero necesita un milagro para cambiar y acelerar su ritmo.