El tiro sirio

EDUARDO CHAMORRO

OPINIÓN

LA IMPLICACIÓN del servicio secreto sirio en el asesinato, a comienzos de este año, del ex primer ministro libanés Rafik Hariri, estaba cantada desde bastante antes de que se hiciera público el informe del fiscal alemán Detlev Mehlis, comisionado por la ONU para la investigación de los hechos. Y lo estaba no porque hubiera habido filtraciones de su investigación a la prensa. Lo que hubo era un cadáver de extraordinaria elocuencia, el de Ghazi Kanaan, ministro del Interior sirio, miembro de la dominante dinastía alauita, alto cargo del partido baazista y hombre fuerte de Siria en Líbano hasta el 2002. Los sirios no se engatusan con la búsqueda de los tres pies al gato de sus problemas internos. Hace unos cuantos meses comenté en estas mismas páginas la declaración de un significativo funcionario del régimen, que dijo: «O somos nosotros los que resolvemos nuestros problemas, o se nos comen vivos». Se refería, entre otras cosas a las que siempre se están refiriendo los políticos sirios, a una fórmula que consiste en no perder el tiempo en echar segundos fuera a la hora de evitar los engorros. Hace unos cinco años, Mamud al-Zubi, ex primer ministro sirio, se encontró con que todos los dedos se le estaban haciendo huéspedes, hasta el punto de que fue puesto en arresto domiciliario. Y fue en su domicilio donde dio con la resolución de pegarse varios tiros hasta acabar con su vida. El diseño se repite. En un contexto cada vez más vidrioso y resbaladizo por la presión de la ONU, Estados Unidos y Francia, el Gobierno sirio accedió hace unas semanas a que Detlev Mehlis interrogara a Kanaan y a Rostom Gazale, su sucesor como procónsul en Líbano entre el 2002 y la retirada siria a lo largo de los últimos meses, tras las revueltas que siguieron al asesinato de Hariri. Assad, presidente de Siria, comentó entonces que cualquier «iniciativa en solitario» de un funcionario de su Gobierno sería considerada traición bajo condena de muerte. Tras su interrogatorio, Kanaan llamó por teléfono a una emisora libanesa para negar los rumores de que había entregado a Mehlis la nómina y el organigrama de la corrupción siria en Líbano, junto con su red de informadores. «Creo -dijo Kanaan a la emisora- que esta puede ser la última declaración que haga sobre el asunto». Fueron sus últimas palabras.