EUROPA tiene un plan para sacar a África del atolladero en que se encuentra. Consiste en concentrar y optimizar la ayuda económica destinada por cada socio comunitario al tercer mundo, de forma que en el 2015 -o sea, dentro de diez años- suponga el 0,7% del Producto Interior Bruto de la UE. El proyecto hace énfasis en la mejora de las infraestructuras para crear verdaderas redes transafricanas de transportes, de energía, hidráulicas y de telecomunicaciones en una geografía arrasada. Loables propósitos. Lo malo es que, al ritmo actual, de aquí al 2015 morirán varios millones de personas a causa de las guerras, el hambre, la pobreza... Y un continente incapaz de ponerse de acuerdo en el precio de los tomates, difícilmente puede hacer frente a los jinetes del Apocalipsis.