El desencanto americano

OPINIÓN

11 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PRESIDENTE George Bush mantiene su discurso sobre Irak, pero el pueblo estadounidense está cambiando progresivamente y de un modo muy significativo. Un sondeo publicado por la revista Newsweek ha revelado que más del 60% de la población de EE.?UU. desaprueba o rechaza la forma en que el presidente está gestionando la guerra, y ya son mayoría también quienes desconfían de que sus esfuerzos estén fructificando en el logro de una democracia en Irak. Con ello, Bush se ha situado en la cota más baja de su popularidad, con sólo un 42% de apoyo. Una cifra especialmente indicativa si se tiene en cuenta que, en sus buenos momentos (un mes después del 11-S), sobrepasaba el 88% de respaldo a su gestión. ¿Qué está ocurriendo? Que la confrontación se prolonga, que el final del conflicto no se percibe con nitidez, que el regreso de las tropas estadounidenses se demora, que los argumentos justificativos y los propios objetivos se diluyen y que el número de muertos aumenta. El optimismo de Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz, adalides de esta guerra, es hoy un recuerdo ingrato y carente de credibilidad para la mayor parte de la ciudadanía estadounidense. La filosofía de combatir el terror fuera de casa, defendida por los halcones de la Administración Bush, se está desmoronando ante la situación en Irak (con una insurgencia embrutecida, pero demoledora) y los atentados de Londres, cometidos por musulmanes nativos británicos. Los americanos ya no creen que el mundo sea más seguro después de su intervención en Irak. A todo lo anterior hay que sumar las diferencias entre EE.?UU. y Corea del Norte en la negociación del plan nuclear de Pyongyang, y el desafío de Irán al reanudar los trabajos en la central nuclear de Isfahán. En el primero de los casos, las conversaciones se reanudarán el próximo día 29 a seis bandas (EE. UU., Corea del Norte, Corea del Sur, China, Rusia y Japón) y las posibilidades de éxito son sólo relativas. En el segundo, las dificultades de Francia, Alemania y el Reino Unido para frenar el inicio del proceso iraní de conversión de uranio en gas (paso previo para fabricar combustible nuclear) pone bajo sospecha la «vía de la negociación con contrapartidas» defendida por la Unión Europea. El ministro de Exteriores alemán, Joschka Fischer, le ha pedido a Teherán un esfuerzo «para evitar un error de consecuencias desastrosas». Pero los ultras iraníes parecen empeñados en darle la razón al Bush que estúpidamente colocó a su país en el eje del mal , con Irak y Corea del Norte. Sin embargo, esta vez Rumsfeld no ha fanfarroneado con que EE.?UU. puede librar dos guerras al mismo tiempo. Puede, pero la población no está por la labor. Claramente. Lo dicen unas encuestas alarmantes para Bush.