COMÍ hace unos días con un joven turco de alta cualificación profesional que trabaja en Alemania, y ello me obligó a revisar todo lo de la Unión Europea desde otra perspectiva. Porque sus preguntas no dejaban de hacer mella en mi visión simplificada (y quizá simplista y unilateral) de Europa. ¿Por qué España está a favor de la entrada de Turquía en la UE y Francia -y la propia Alemania-, no? ¿Acaso no significó la entrada de España, hace veinte años, una inyección de europeísmo y un nuevo impulso para avanzar hacia la unión política? ¿Salió perdiendo Francia, el vecino más reticente, con la entrada de España? Y la traca final: ¿Por qué habría de ser distinto con Turquía? Me refugié sin disimulos en los argumentos que he utilizado en otras ocasiones. La UE no estaba preparada para la entrada de los nuevos socios del Este, como ha quedado claro a golpe de referéndum. Y si no estaba preparada para la entrada de Polonia o de la República Checa, si aún lo está menos para la de Serbia-Montenegro, ¿cómo va a convencer a sus ciudadanos de que la entrada de Turquía es la panacea del impulso europeísta? Le recordé los argumentos de Giscard d'Estaing contra el ingreso de España (sí, el mismo Giscard d'Estaing que redactó una Constitución europea para todos), y me agarré a este clavo ardiendo para explicarle que nada de lo que se diga ahora será duradero respecto de la entrada de Turquía. Luego vendrá la ventolera de la Historia, y la Unión Europea tendrá 25 países, o 27, o los que cuadren. ¿O acaso no están ya mirando hacia ella, con ánimo de adhesión, países como Ucrania o Georgia? Pero ninguna entrada puede hacerse a costa de destruir el espíritu fundacional. No sería concebible una UE defendida por los recién llegados y zancadilleada por los que fueron sus primeros miembros. La Unión Europea tiene que crecer. Pero tiene que hacerlo al ritmo que ella misma decida para mantener más vivo su impulso de consolidar la unidad política. Todo lo demás es empezar a desmontar el edificio... Así se lo dije a mi interlocutor turco. Y tuve la sensación de que me entendía. Luego me explicó la razón: pertenecía a la minoría no europeísta de su país. ¡Que también existe!