Más de lo mismo

OPINIÓN

MÁIS, me parece un eslogan inquietante. Suena a desafío. Algo así como «si no quieres caldo, siete tazas». Es decirle a los gallegos que no hay propósitos de enmienda. Que otra mayoría absoluta será un instrumento para hacer la misma política, donde lo peor no es el uso de la autonomía para diseñar una comunidad; es la actitud de unos dirigentes que mantienen el estilo de convertir en favores lo que son derechos sociales propios de la condición democrática de la ciudadanía. Pero hay una contradicción que casi se convierte en una estafa al electorado. En unas elecciones tan personalizadas, si gana por mayoría absoluta el mismo que hoy está mandando, en un plazo corto, lo dejará, y entonces los gallegos tendrán un presidente que será designado por un partido desde Madrid. Con lo cual estas elecciones tienen: candidato señuelo y candidato tapado. Quizá ésta es una de las razones de la negativa a debatir, en la televisión pública como se hace en otros lares. Así que el futuro de Galicia podría estar en las manos de un partido que sigue practicando el «aznarismo». Eso que nos llevó a Irak y nos costó un 11-M. Mando a distancia de los sucesores del caudillo Aznar, hoy conferenciante dogmático y apocalíptico, capaz de hacerle la puñeta a sus propios compañeros de partido, cada vez que, como aquellos iluminados que describía Marañón, tiene una aparición. Unos dirigentes que estarán en Galicia arropando al candidato después de usar de forma inaudita a las víctimas del terrorismo etarra, olvidándose que hay dos clases de víctimas. Los muertos, a los que debemos respeto. Los vivos, que necesitamos tener la esperanza del final de una guerra sucia que cualquier día nos puede asesinar. Y lo digo desde mi condición de amenazado que ha vuelto, por razones de «falta de confianza desde el régimen que gobierna mi tierra», al País Vasco. La pirámide de población en Galicia muestra un envejecimiento superior al resto de España. Eso quiere decir que hay pocos jóvenes. Que muchos ya no están. Por eso, los más necesitados de truncar el «más de lo mismo» deben ser los jóvenes. Ellos, con su inesperada participación el 14-M, fueron el motor de cambio. Pero los mayores esta vez deben pensar como padres y abuelos de esos jóvenes. Necesitamos una Galicia en la que los nietos no tengan que pasar las calamidades que sufrieron los abuelos, especialmente miedo y emigración.