LA PREGUNTA me la hacía ayer el veterano y lúcido periodista Manuel Rodríguez Mora: «¿Qué hubieran dicho de nosotros los franceses si en nuestro referéndum sobre la Constitución europea hubiese ganado el no ?». Y se respondía él mismo: «Hubieran dicho: 'África', y nos habrían calificado de antieuropeístas, cavernícolas, inmaduros y cosas por el estilo». Pero todo cambia (ahora sigo yo) cuando el país que dice no es la propia Francia, la gran europeísta, el extraordinario motor político de la UE, junto con Alemania. Entonces los calificativos son otros y las declaraciones se llenan de extrañas y sutiles explicaciones. Como la de Pierre Giacometti, director general de IPSOS, una sociedad de sondeos de opinión, quien asegura que, según sus datos, el 72% de los franceses quiere seguir profundizando en la construcción de la UE. Una sorprendente realidad sin duda muy bien camuflada en el resultado del domingo. La verdad es que Francia ha votado no y que, para colmo, ese rechazo lo han protagonizado jovenes, asalariados con buenos ingresos y gente bien informada y en su mayoría de izquierdas (justo los que en España votaron sí ). De lo cual cabe deducir cualquier cosa menos que no estemos ante un serio frenazo a la construcción europea. Las interpretaciones en otro sentido ya no son creíbles. El no venía anunciando su fuerza desde antes de que Chirac convocara el referéndum, seguro de que iba a ganarlo. La victoria era más difícil de lo que él creía, porque las razones del sí , defendidas por un presidente cada vez más impopular, eran fácilmente contrarrestadas por la pluralidad de argumentos que esgrimían los impulsores del no , cada uno desde su ideología y sus intereses (con frecuencia confrontados). ¿Qué viene ahora? Hoy mismo el referéndum holandés, con un no cantado. Después toca reflexionar. La última ampliación de la UE aún no ha sido digerida y el europeísmo se ha enfriado. Pero estos ciclos se han vivido antes. Francia ha votado el domingo contra Chirac, contra la Constitución y contra una determinada concepción de la propia Francia. Es verdad. Pero la UE seguirá adelante. Porque tampoco Francia sabría qué hacer sin ella. Ésta es la mejor garantía.