Rojas mareas

OPINIÓN

NADA que ver con la actualidad política y social, pero algo habrá que hacer para que el título parezca nuevo y les llame la atención. Me había prometido dejar pasar un tiempo largo antes de entrarles de nuevo desde estos Codex al mundo empresarial del mejillón. Pero han sobrado unos días de ausencia para que las páginas de Marítima de este periódico dieran cuenta de nuevo, con intensidad, de algunas de sus cíclicas idas y venidas. Reivindico, y comparto con tantos, un sector mejillonero gallego en avance y expansión, pero no por ello dejan de sorprenderme dejadeces y retrasos en la solución de algunos problemas que llevan camino de convertirse en eternos. Entre ellos las mareas rojas, su gestión e incidencia en la producción. Conocen ustedes que sostengo -y no de tansolohaceuninstante - que nuestro sistema de control de mareas rojas no tiene tacha en su seguridad, pero también hace años que defiendo que niveles toxicológicos y métodos de detección necesitan ser revisados, contrastados y mejorados, manteniendo evidentemente la seguridad para los consumidores, pero buscando la compatibilidad con la gestión de la producción. En plena crisis, 1995, por uno de los más prolongados cierres de la explotación del cultivo de mejillón por mareas rojas, era anatematizado quien tal sugerencia hiciera y, con ese anatema y gratuitas acusaciones de irresponsabilidad nunca se abrieron líneas de investigación que nos hubiesen permitido, hoy, tener la evidencia científica necesaria para contrarrestar directivas comunitarias, como la que amplió a veinticuatro horas el bioensayo del ratón para la toxina diarreica. Constatadas las alteraciones en los ciclos de producción y comercialización que dicha directiva supone, al fin se reivindica -unánimemente- una revisión en la que nos hemos retrasado diez años. Las normas no son dogmas, y menos aquéllas que se derivan del conocimiento científico, por lo que incentivar este conocimiento en aquellos aspectos que inciden en nuestra economía, quizá sea lo que nuestro pueblo necesita. Un trabajo, diciembre del 2004, indica que los niveles toxicológicos para la toxina paralizante en EE.?UU. fueron establecidos nada más y nada menos que en los años 40. Del pasado siglo.