DEBE SER cierto que, al menos a Fraga, le carga las armas el diablo. Eso justificaría, además, que muchos gallegos conozcan a Magdalena Álvarez como «o demo». Cuando el tándem Touriño-Quintana dan al actual presidente de la Xunta por amortizado, llega la responsable de las infraestructuras y le pone todos los tantos en la mano para que, políticamente, el de Vilalba monte una desfeita en las filas enemigas. El talante de Zapatero difícilmente se puede horadar si no es con la munición que le han dado a Manuel Fraga: la del aldraxe. Es probable que la ministra de Fomento no tenga argumentos para justificar los retrasos en obras, las dilaciones en numerosos proyectos, que una cuidada y detallada información explicaba ayer en estas páginas. Pero más grave que no tener razones para hacerlo es no haber dado en tiempo y forma una explicación creible. Sin ésta, llámese robo, como lo califica quizá en un exceso verbal Fraga, o llámese como se quiera, lo cierto es que nos están tomando el pelo a los gallegos y después del benigno invierno tenemos que decir que llueve. Ante ésta y otras cargas de profundidad difícil resultará para Pérez Touriño demostrar que es el presidente que necesitamos. Hablarnos de que el AVE sufre retrasos poco menos que virtuales es casi tan sarcástico como el agresivo, ultrajante silencio de la ministra. Fraga Iribarne, que es un académico desvergonzado en ocasiones, se lo ha dicho muy claro: el secretario general del PSdeG-PSOE se está llenando de eso que se llena el palo del gallinero. Y que no se ofenda el líder de los socialistas, porque la expresión la acuñó, con menos circunloquios, Magdalena Álvarez con aquel mier... con que aludía al Plan Galicia. Con un Fraga que tiene menos méritos de los que se atribuye, un Touriño que respeta más a sus jefes políticos que a sus electores... nos veo a los gallegos como a los iraquíes: gobernándonos uno de cada color, mediante consenso, y, por supuesto, provisionalmente, hasta que aparezca algo mejor.