LA ACTUALIDAD lo devora todo y quizá por ello las decisiones de Bush de nombrar presidente del Banco Mundial a Paul Wolfowitz y embajador de Estados Unidos en la ONU a John Bolton han sido sólo noticia de un día. Sin embargo, merecen una consideración y un seguimiento, porque Wolfowitz (hasta ahora subsecretario de Defensa) fue nada menos que el ideólogo neoconservador que argumentó la guerra de Irak y eligió poner el énfasis en las armas de destrucción masiva para unir a la comunidad internacional e intentar conseguir el respaldo del Consejo de Seguridad. «Fue un pretexto burocrático», confesó, para escándalo de muchos. Por su parte, John Bolton es un acreditado azote de la ONU, en cuya formulación actual simplemente no cree. No se trata, por consiguiente de dos nombramientos que no sean indicativos, y desde luego ambos parecen apuntar a la reforma de las instituciones internacionales que Bush desea fervientemente, quizá por la vía de debilitarlas. ¿Se corresponden estos nombramientos con la nueva imagen lanzada por el presidente estadounidense en su reciente periplo europeo? Si nos atenemos a sus palabras y a las de Condoleeza Rice (secretaria de Estado), no tendría por qué haber una relación directa. Bush desea fortalecer la relación con la Unión Europea, pero borraría de un plumazo, si pudiese, al Consejo de Seguridad, que se le figura una antigualla rancia y obsoleta, sólo útil para que Francia brille y dé la tabarra con una eficacia que no se corresponde con su fuerza real en el conjunto de las naciones. Wolfowitz, desde el Banco Mundial, administrará un apoyo financiero más o menos directo. Bolton, en la ONU, volverá a la carga con la reforma de esta institución y, desde luego, impedirá que la ONU se le suba a las barbas a su señor. Los halcones estadounidenses sobrevuelan las instituciones internacionales y en alguna ya han aterrizado. Sus nombres son demasiado significativos para que no surjan las sospechas. Pero nadie sabe lo que cabe esperar del nuevo realismo político que predican Bush y Condoleeza Rice. Queda esperar y ver. El tiempo dirá, y dirá pronto