07 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.
MARAGALL no acaba de acertar. Primero comparó la chapuza de las obras del Metro, que acabaron abriendo un socavón en el barrio del Carmel, con la catástrofe del Prestige, que envenenó miles de kilómetros de costa. Después intentó desviar la responsabilidad con una genérica acusación de corrupción que, parece, no va a ser capaz de concretar. Y ahora, cuando el chaparrón político que se le vino encima amenaza con ahogarlo, dice sentirse como una mujer maltratada. Ojalá pudiera vivir en la piel del president, pensarán muchas de las que cada día son apaleadas por su pareja. Algunas ya no pueden ni contarlo.