Aborto, anticoncepción y maternidad

OPINIÓN

HACE AÑOS muchos pensaban que con una mejor información sexual, y con un acceso libre a los métodos anticonceptivos, disminuiría notablemente el número de embarazos no deseados y el recurso al aborto. Recientemente, este diario se hacía eco de un estudio del CSIC sobre la evolución de la interrupción voluntaria del embarazo en España en la década que va desde 1991 a 2001. Destacaré algunos datos que aporta este trabajo. En primer lugar, en números absolutos, se ha pasado de 37.231 abortos en 1991 a 69.857 en 2001. Pero, tal vez, el dato cualitativamente más llamativo es que el número de mujeres que han abortado en más de una ocasión (dos o más veces) se ha duplicado a lo largo de esa década. Pero, además, no abortan las más ignorantes: el estudio refleja que, a mayor nivel educativo, mayor incidencia del aborto. En el caso concreto de las adolescentes, las mejor informadas de nuestra historia, el diez por ciento de las que han abortado lo han hecho en más de una ocasión. Éstos, y otros datos, han llevado a Margarita Delgado, responsable del departamento de Demografía del CSIC, que ha coordinado este estudio, a pensar que el aborto se está utilizando como un método anticonceptivo más. No negamos que esto forme parte de la explicación del fenómeno: el relativismo posmoderno puede favorecer la banalización del aborto. Sin embargo esta explicación no nos parece totalmente satisfactoria, ya que estamos acostumbrados a observar que el aborto no deja de ser una experiencia acompañada de conflicto y malestar subjetivo, aun en el caso de mujeres defensoras del derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. Entonces, ¿qué concluir? En primer lugar lo más obvio: aquéllos que pensaban que una mayor y mejor información sexual, y la generalización del uso de los anticonceptivos, iban a traer consigo la disminución, o la práctica eliminación, de los embarazos no deseados estaban equivocados. Las pulsiones y el inconsciente no son educables. En segundo lugar, asistimos al declive de la maternidad. La experiencia de la maternidad, antes concebida como un pilar de la sociedad, se ha devaluado. Así, la adopción internacional se convierte en una ayuda para el tercer mundo y una necesidad para el primero. En tercer lugar, hay que saber que el aborto de repetición es siempre sintomático, no es el resultado del azar o de la mala suerte. La mujer que tiene bien separada su sexualidad de la maternidad, puede gozar de la sexualidad sin quedarse embarazada. Cuando los embarazos aparentemente no deseados se suceden (hasta tres o más veces), tienen la característica de todo síntoma: la insistencia, la repetición. En este sentido, el estudio que estamos comentando ofrece un dato muy elocuente: el número de abortos se ha multiplicado, casi por tres, en las mujeres que mantienen una unión de hecho. Es decir que, en las parejas más liberales, el conflicto sexualidad-maternidad, la no separación de la sexualidad y la maternidad, está más acentuada. Por supuesto, si les preguntáramos nos dirían otra cosa: pero ahí está el síntoma como emergencia incontestable de la verdad reprimida. Pero, entonces, ¿qué es el aborto de repetición? El aborto de repetición es un sí a la maternidad, seguida de un no. Es un conflicto con la maternidad. Es una patología de la maternidad, que se afirma y se niega, en una sucesión que no encuentra resolución. Una mujer puede decir sanamente no a la maternidad y rechazar, sin conflicto, el embarazo. Pero algunas mujeres, al parecer cada vez más, quedan prendidas en la necesidad de afirmar la posibilidad de la maternidad para luego anularla. ¿Razón? No otra que ésta: en su inconsciente no hay sexualidad que no pase por la concepción.