LA MÁS que previsible victoria de la Alianza Unida Iraquí, el conglomerado de facciones que se identifican por profesar la rama chií del Islam en Irak, con algo más del 48% de los votos, seguida por el 26% obtenido por la Alianza kurda, y el casi 14% logrado por la lista encabezada por el también chií, aunque de carácter laico, Eiad Alaui, corroboran las previsiones realizadas, por los analistas, hace dos semanas. Por primera vez en los últimos treinta y seis años de la historia de Irak, unas elecciones, dan la mayoría de los votos al grupo social que supone más del 60% de la población, en detrimento de la minoría sunní. Algo que no sucedía desde el siglo VII d.C. cuando, tras la muerte de Alí, sobrino y yerno del profeta Mahoma, se produjo la escisión del Islam en dos ramas. Tantos siglos de sometimiento con el sentimiento de haber sido injustamente eliminados del poder por apoyar la facción que consideraba a los descendientes de Alí como los únicos legitimados para guiar a la comunidad islámica no suponen, necesariamente, que se produzca una «revancha» de los chiíes contra los sunníes. Si bien, es más que probable que las libertades sociales y los derechos de la mujer se vean gravemente perjudicados por el acceso al poder de los chiíes, también es cierto que, tras la férrea dictadura del Partido Baaz, los iraquíes buscaran el consenso para redactar la Constitución que regirá sus destinos de ahora en adelante. En este sentido, la voluntad manifestada en las declaraciones realizadas al día siguiente de la celebración de las elecciones de, por lo menos, escuchar a los sunníes para elaborar la Carta Magna iraquí, nos permite albergar serias esperanzas de que el texto sea consensuado y no tan restrictivo como pudiera temerse. Por otra parte, el tercio de votos obtenido por los kurdos será clave para determinar la estructura federal de Irak, ya que el objetivo principal de esta alianza se centrará en la obtención del mayor número de concesiones para la autonomía de las provincias del norte. Del consenso que se logre para redactar la nueva Constitución y del grado de seguridad que se alcance dependerá que Irak se convierta en una democracia o se hunda en una guerra civil.