El desafío de Moratinos

OPINIÓN

05 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

MUCHO se ha escrito en los últimos días sobre el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, con motivo de su desacertada intervención en el programa de TVE 59 segundos y de las consiguientes explicaciones que dio en sede parlamentaria sobre la actuación del Gobierno de Aznar cuando el golpe contra Chávez en Venezuela. Algunos analistas se han apresurado a anunciar la caída de una estrella de la diplomacia, que fue enviado especial de la Unión Europea para Oriente Próximo y cuya labor gozó de reconocimiento internacional. Es como si ese tropiezo debiese apagar su esplendor. Yo conocí a Moratinos hace una docena de años y ya por entonces me llamó la atención su capacidad para la labor diplomática, siempre cuidadoso de lo que consideraba los intereses de España. No lo percibí, en cambio, como un político de partido especialmente dotado para la esgrima dialéctica en el terreno de la demagogia o de la propaganda. ¿Qué ha fallado esta vez? Probablemente algo que aprendió en sus múltiples conversaciones con algunos líderes árabes: que el diálogo, cuando es fluido y sincero, tiende a volverse coloquial. Y uno acaba diciendo lo que piensa, aunque luego tenga que pensar lo que dice... para justificar lo que dijo. Porque hay cosas que uno puede pensar, pero no debe decir. El patinazo del ministro vuelve más difíciles las ya escasas posibilidades de consenso en política exterior. La ecuación básica de Moratinos pasa por radicar a España en el eje de Europa, restablecer la amistad con EE.?UU. y protagonizar una mediación histórica en el proceso de paz de Cercano Oriente y en el conflicto del Sáhara. Unos puntos preferentes en los que el PP mantiene enfoques a veces diametralmente opuestos. Los populares no creen en el eje franco-alemán ni consideran a Moratinos capaz de recuperar la confianza de EE.?UU., sobre todo cuando asoma su vocación tercermundista. Entonces les recuerda al Morán que fue ministro de Exteriores con Felipe González. Porque el problema no es su desliz televisivo sino lograr armonizar y consolidar el marco de relaciones que nos conviene. Por ello se le juzgará.