22 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.
COLOCAR brazaletes digitales a los maltratadores para vigilarlos es un fracaso. No disponer de mejor medio que estigmatizar al delincuente para protegernos de él habla mal del sistema jurídico que busca la reinserción y la rehabilitación. Atar con una correa electrónica a quien se ha comportado de forma brutal con su compañera (casi siempre es así, aunque haya algún hombre entre las víctimas) revela que estamos condenados a convivir con la maldad. ¿Pero qué hacer? La pulsera contra la violencia de género ni es la letra escarlata ni la estrella amarilla del gueto. Es un salvavidas para muchas mujeres.