LA AMÉRICA más urbana votó demócrata, y la más country -profunda votó republicano. Bush ha ganado las elecciones con un mensaje que, a este lado del Atlántico, nos parece peligrosamente simplista. A la vista de su fortalecimiento, preocupan las repercusiones de su política tanto hacia el intradós norteamericano, bastante cínica en lo económico y desequilibrada en lo social, como hacia el exterior, con su concepto de paz desde la guerra. A entenderse tocan. Norteamérica no puede escindirse en dos bandos, y la Europa política tendrá que esforzarse por mejorar relaciones En nuestro ámbito, la Generalitat ha propiciado la incorporación a la amplia red regional de una nueva eurorregión Pirineos-Mediterráneo, formada por Aragón, Baleares, Cataluña, Languedoc-Rosellón (de lengua catalana) y Midi-Pirineos. Valencia ha rehusado, de momento, incorporarse. Como se ha dicho, es «una red de intereses transfronterizos que no tiene sede ni capital», con trece millones de habitantes y que supone el tres por ciento del PIB de la Europa de los Veinticinco. Fijémonos en los objetivos de partida: creación de un espacio económico de investigación e innovación, ampliación y mejora de la red de infraestructuras, participación en las instituciones europeas como un lobby para hacerse oír, y puesta en común de un proyecto cultural. Todo ello dentro de un polo de desarrollo sostenible para sumar energías y evitar que el centro de gravedad de la Unión se desplace hacia el este en detrimento del sur. La aportación española pivota sobre Zaragoza como centro logístico y Barcelona como centro portuario y aeroportuario, y sobre la puesta en red de todo el sistema universitario. La reflexión que hacen es que la realidad empresarial y social iba por delante de la política, por lo que han marcado objetivos en primer lugar para después institucionalizar la cooperación. En Galicia, nuestro Eixo Atlántico, como subsistema de la eurorregión, camina lento, pero seguro. La Xunta -curiosamente, no los ayuntamientos- redacta un proyecto de ley que entrará pronto en el Parlamento para crear en Vigo la primera área metropolitana de Galicia, con medio millón de habitantes. Sucede lo mismo que en Cataluña: la realidad formada por el tejido empresarial y social va por delante y la política por detrás. Con competencias en residuos, transporte interurbano, abastecimiento de agua y saneamiento, turismo, planificación urbanística y de infraestructuras viarias, promoción económica y empleo, el área metropolitana va a ser un paso fundamental en la modernización y gestión de la ciudad total , a la que debe incorporarse en seguida la de A Coruña para poner en funcionamiento toda la geografía sin tener que invadir el mar. Aunque tardías, son dos formas válidas de actuar. En Cataluña se marcan objetivos y luego le dan forma institucional. Aquí, fórmula y objetivos se simultanean. Dos buenas noticias en una Europa que ya no es sólo la de los estados-nación, ni la de las autonomías o las regiones, sino la de las ciudades, las áreas metropolitanas y las comunidades transfronterizas. La diversidad cohesionada para atraer y generar riqueza, capacidad de interrelación y de diálogo, y como respuesta al poder fuerte y el pensamiento liviano tan en boga.