Ganó el filósofo

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

05 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LOS NORTEAMERICANOS sí que son agradecidos. No como otros. Saben valorar lo bueno y luchan por ello hasta la extenuación. Otros, en cambio, prescindimos de lo provechoso con una facilidad tal que debiera de causarnos rubor. Sin ir más lejos, a quien nos sacó del «rincón de la historia» lo despedimos con una patada en el trasero. Así que mucho nos queda por aprender. El pueblo norteamericano acaba de agradecerle a George W. Bush los servicios prestados. Acudiendo masivamente a las urnas para reelegirlo, azuzados, sin duda, por lo que en su día les advirtió el propio presidente: «Un número bajo de votantes es una indicación de que menos personas están yendo a votar». Irrefutable. Pero, además del agradecimiento, ¿qué virtudes de Bush les han cautivado? Pues todas. Los norteamericanos no dejan en la estacada a una persona que ha hecho el sacrificio de renunciar al alcohol para ser presidente. Ni a un político que se ha rodeado de pacifistas como Cheney, quien, por cierto, también dejó el whisky. Los norteamericanos están cautivados por un presidente que, además, tiene el encanto de la amplia cultura y el don de la palabra. Un presidente preocupado por la economía: «La gran mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país», dijo. Por el paro: «Queremos que cualquiera que pueda encontrar un trabajo sea capaz de encontrar un trabajo». Por el pensamiento: «Si no tenemos éxito, corremos el riesgo de fracasar». Preocupado por el mundo: «África es una nación que sufre una terrible enfermedad». Por el racismo: «¿Ustedes también tienen negros?», preguntó en Brasil. Y por la ciencia: «Es tiempo para la raza humana de entrar en el sistema solar». Así es Bush. Un filósofo. Un pensador que siembra el mundo de terror y muerte. Así que riamos antes de que nos vuelva a hacer llorar.