El AVE extraviado

OPINIÓN

ANDA POR AHÍ, perdido en nuestras brumas políticas, el concepto de un AVE gallego cada vez más rodeado de incertidumbres, que parece dirigirse directamente al lugar en el que engordan nuestro escepticismo y nuestra resignación. Un baile de años y de cifras le presta extraños disfraces, según la ocasión y el portavoz. El presidente Fraga, haciendo extrapolaciones de las partidas incluidas en los Presupuestos Generales del Estado, admite que serán necesarios veinte años para ejecutar las infraestructuras previstas. Anxo Quintana, a la vista de los mismos Presupuestos, cree simplemente imposible que la modernización ferroviaria se haga dentro del calendario fijado por el Congreso. Sólo Pérez Touriño mantiene su confianza en que, al ritmo inversor del 2005, «la red de ciudades de Galicia quedará conectada en alta velocidad ferroviaria en el horizonte del 2009-2010». ¡No será por falta de horizontes y de ofertas! Hay muchos para escoger y muchos a quienes creer. Pero la bruma se hace más densa. Cada vez que viajo entre Madrid y Sevilla en el AVE, ese prodigio, no puedo evitar un sueño recurrente en el que mi Lugo natal está a la vuelta de la esquina y yo llego para comer después de un viaje de poco más de dos horas. Recuerdo que este sueño-deseo lo tuve por primera vez en 1992, camino de la Expo de Sevilla. ¡Y van ya doce años! Es decir, que soy doce años mayor y doce veces menos confiado. Porque la cuenta que hago ahora es simplemente desilusionante. Si faltan sólo cinco años (y un experto me ha dicho que evite creencias con traza de frustraciones), nuestro AVE habrá llegado 17 años después del que se fue hacia el sur. Y si se cumple la extrapolación hecha por el presidente de la Xunta, podré hacer ese viaje en el 2024 o así. Póngase el lector en su propia edad de hoy y haga cálculos. Los suyos. Y dígase si no es para recelar. Y esto sin hacer memoria de los retrasos en las obras de las autovías A-6 y Rías Baixas. Su pregunta entonces podría ser: ¿Veré algún día un AVE entrando por Lubián-Ourense y uniendo nuestras ciudades? ¡Menos mal que tenemos políticos dispuestos a hacernos creer que sí!