«Comisionitis» aguda

OPINIÓN

23 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

DICEN los americanos que cuando no se sabe qué hacer, o cuando se quiere evitar que un asunto siga su curso normal, se crea una comisión que lo estudie y lo meta en vía muerta. Y eso es, a mi juicio, lo que empieza a suceder en España con tantas y tantas cosas que son objeto de este tipo de ceremonias: una comisión para seguir el Plan Galicia antes de que se sepa si tal Plan existe; otra comisión para saber de Gescartera que acabó en agua de borrajas; otra comisión sobre el Prestige que va de Santiago a Bruselas y de Bruselas a Madrid sin dar de sí ni una línea, y otra comisión -¡válgame Dios!- para investigar los sucesos del 11-M, cuando todo el mundo sabe ya lo que pasó y en qué consiste nuestro cacareado liderazgo mundial en la lucha antiterrorista. El punto de encuentro de todas estas comisiones es que abordan temas que políticamente son diáfanos, que tienen otros cauces de investigación más adecuados, que llegan al Parlamento cuando ya han envejecido, que se tratan sin instrumentos jurídicos eficaces, y que se mueren de asco entre los cambalaches obscenos de los dos grandes partidos. Y por eso acaban siempre con un menguado balance reducido a dos conclusiones: que todo queda más oscuro que antes de empezar, y que la comisión sólo sirve para dar por terminado un tema que se negaba a morir. Puestos a desgastarse, pero dentro de un orden, el PP y el PSOE ya han acordado que la investigación sobre los idus de marzo tiene que dejar vivos e intocados estos cuatro dogmas que le interesan a los dos: que España hizo siempre sus deberes en la lucha contra el terror; que tenemos una policía y unos sistemas de inteligencia que son la envidia del mundo; que en la lucha contra el terror no hay más que un camino; y que discrepar del Gobierno en cuestiones de política antiterrorista es como traicionar a España. Y así se explica que nos estén preparando un comadreo de dimes y diretes entre Rubalcaba y Acebes, la SER y la COPE, la Policía y la Guardia Civil, mientras se silencia todo lo que tiene que ver con el control de explosivos, la escandalosa ineficacia del CNI, la visión unidimensional del orden público y con el patinazo monumental de las primeras investigaciones y declaraciones del día de autos. A base de reducir el 11-M a una cuestión de limpieza electoral, estamos haciendo las exequias de una tragedia que, debiendo poner en cuestión el discurso monocorde de Interior, sólo está sirviendo para inmunizar a los gestores del orden público frente a sus graves responsabilidades. Pero en esto, ya se sabe, son todos iguales. Porque es mucho más cómoda la compasión por las víctimas que hacer un duro juicio a quien tenía que evitarlas.