EL MAYOR PROBLEMA de la democracia mediática es que nadie parece distinguir lo importante de lo banal y lo agradable de lo útil. La presencia de los medios de comunicación en todos los aspectos de la vida pública y privada nos impide tener perspectiva de los hechos, y cada vez es mayor la nómina de personajes que se nos cuela en las pantallas sin más mérito que el escándalo y sin más valores que su capacidad de provocar e insultar a las personas y a las buenas costumbres. En tal circunstancia nadie puede evitar que cualquier muerto famoso tenga su apología, cualquier cocinero su medalla, y que los días de luto oficial se dediquen a compensar a las mujeres asesinadas que no supimos defender o a las víctimas jóvenes de accidentes que no supimos evitar. A nadie le extrañó, por ejemplo, que la muerte de Jesús Gil sirviese de ocasión para homenajear a un señor poco educado que, después de pasarse la vida bordeando el delito y masacrando el prestigio de las instituciones, fue visitado en su capilla ardiente por las más altas autoridades de Madrid, que iban a reconocer -la señora Aguirre dixit- lo mucho que amó los colores de su equipo. En el otro extremo del abanico, también empieza a resultar empalagoso el pelotilleo que nos traemos con la misma Casa Real, que, mientras es ninguneada en funciones tan esenciales como la propuesta de Investidura, soporta niveles de adulación que, por referirse siempre a cosas banales, sólo redundan en descrédito para la institución. Porque no tiene nada de excepcional ni de loable que doña Sofía haga de abuela de sus nietos, y porque carece de sentido reírle la gracia y la patada a S.A.R. el Infante don Froilán, en vez de decir que los niños de su edad, que están bien educados, ya no se portan así en las bodas de sus tíos. Pero el colmo de la fatuidad es la descripción que estamos haciendo del repliegue de Irak. Porque, escuchando a Bono y leyendo la prensa de Madrid, estamos a punto de superar la Anábasis y la retirada de la Grande Armèe, cuando la verdadera heroicidad de nuestro Ejército consistió en replegarse a Kuwait bajo la envidiosa e impotente mirada de cuatro guerrilleros mal armados, sin disponer de más medios ni defensas que sus columnas de tanques y vehículos blindados, sus mapas GPS y la cobertura de la aviación americana. La laudatio excesiva crea distanciamiento. Y ya está visto que ningún príncipe necesita ser adulado cuando coge a su mujer recién casada y se va a pasear las espléndidas ciudades de Cuenca y Albarracín, haciendo las mismas fotos y cariños que nos hicimos todos. Porque no cabe mayor elogio que el de vernos reflejados en las cosas y personas que queremos ensalzar.