MUCHAS COSAS iban bien, la política antiterrorista interior, la marcha económica, el respeto internacional -con las salvedades de rigor-, las infraestructuras, la solvencia de la seguridad social... y hasta la marcha de la economía gallega, que en el 2003 creció más que la media española. Y había una razonable libertad de expresión; de hecho el Gobierno anterior fue de los más criticados de nuestra historia. Ahora el de ZP, con su afán de escenificar el cambio, está tirando por la ventana las buenas políticas anteriores, siembra inquietud en todo lo que hace y comete errores sistemáticos en política interior y exterior. Aunque no debería tener ningún complejo en aplicar lo comprobado; que entierre simbólicamente el pasado, corrija sus fallos de imagen, pero mantenga lo acertado. Sin embargo se está limitando a las formas. Como el gato de Cheshire, este Gobierno tiene una sonrisa permanente. No tan maliciosa y burlona, sino mas bien la feliz de haberse encontrado en la cumbre sin advertir siquiera como ha llegado. Pero tras la sonrisa, se presiente una mano de acero para que nadie se mueva en la foto. El presidente del Congreso dice que la comisión de investigación para aclarar los atentados de marzo iniciará sus sesiones tras las elecciones europeas. Ahora los socialistas no quieren que sepamos antes de votar, las urgencias informativas son cosa del pasado. Varios millones de españoles cambiaron su posición electoral por el horror manipulado y ahora se pretende que siga el trauma nublando la lucidez de esos votantes. Por si no fuera suficiente, en Cataluña el gobierno tripartido ha elaborado una lista negra de medios de comunicación, periodistas y columnistas, que no comparten las excelencias de los líderes en el poder. Hay que neutralizarlos, identificar sus puntos débiles, yugularlos financieramente, perseguirlos, someterlos o acabar con ellos. A eso se le llama lucha por el control de los aparatos ideológicos, legítima contienda por la hegemonía en la opinión pública. Apenas se escuchan reacciones de intelectuales, actores, artistas, gente del mundo de la representación de la realidad, sacerdotes de la verdad y abanderados del talante tolerante. Nadie saldrá a la calle defendiendo la libertad de expresión; nadie irá a las sedes de los partidos implicados protestando airadamente contra los excesos del poder. Tampoco se hace nada por el pluralismo informativo de TVE; ahora hay que ganar las europeas, las comisiones de sabios independientes para después, cuando se haya ratificado en junio el cambio traumático del 14 de marzo. La legitimidad gubernamental toda vía no está ganada. Por eso lo que escuchamos son discursos, palabras de diálogo, apertura, entendimiento, amabilidad formal, sonrisas, sonrisas y más sonrisas. El idealismo blando a escena; por detrás la caña, el artero control, las oscuras movidas, el cierre de la mordaza. Y todo con la sonrisa puesta.