hablar.bien@lavoz.es TRAS LOS atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos y del 11 de marzo en Madrid ha crecido el temor a que las poblaciones afectadas rechacen a los musulmanes y los árabes. El proceso no es nuevo. En la historia de la humanidad se suceden los episodios de aversión hacia variadas comunidades humanas. Apenas han pasado seis decenios de la persecución de los judíos en Alemania, y ahí están los conflictos étnicos en los Balcanes y en el centro de África. El caso de los musulmanes ha dado lugar a dos palabras, arabofobia e islamofobia . En el documento final de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia que se celebró en Durban en el 2001 se afirmaba: «Vemos con preocupación el creciente antisemitismo e islamofobia en diversas partes del mundo, así como la aparición de movimientos raciales y violentos basados en el racismo e ideas discriminatorias contra las comunidades judía, musulmana y árabe». La palabra islamofobia comenzó a emplearse en los años noventa en distintos idiomas: para los anglohablantes es islamophobia; en francés se escribe islamophobie; en catalán , islamofòbia, y en español e italiano, islamofobia . Se trata de una voz bien formada, con un precomponente, islam-, que hace referencia al conjunto de los que profesan la religión de Mahoma, y un poscomponente, -fobia, que indica aversión. E igual que ahora surge la islamofobia, antes hubo francofobia y galofobia (rechazo hacia lo francés), anglofobia (hacia lo inglés), germanofobia (a lo alemán) y hasta hispanofobia, de la que podemos seguir viendo muestras sin necesidad de llevar la vista muy lejos. Son todas ellas manifestaciones de la xenofobia, el odio hacia los extranjeros. En esta materia, el léxico siempre crece.