El discurso de Nadal

| XERARDO ESTÉVEZ |

OPINIÓN

CÉSAR RANGEL

10 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

CATALUÑA es un país de una pieza. Cualquiera que haya trabajado o estudiado allí ha podido percibirlo. El proceso de incorporación de los gallegos a aquella tierra, con tres lenguas de por medio, es excepcional, y es difícil encontrar a uno que no tenga un sincero aprecio por ella. He podido comprobar una vez más la talla de los políticos catalanes en el debate de la investidura del nuevo president de la Generalitat. Llama la atención la claridad expositiva, la firmeza de las diferentes posturas y la libertad a la hora de debatir acerca de todos y cada uno de los ismos que, como ideas políticas, necesitan ser expresadas, habladas, dialogadas. Asistí al turno final de intervención de portavoces, esperando el discurso de Joaquim Nadal, hoy conseller de Política Territorial y Obras Públicas. Suponía que iba a dar las claves más importantes sobre cómo concebir la nueva estructuración de Cataluña. Reproduzco, por su nitidez, algunas de sus ideas acerca del territorio, la descentralización de la autonomía y el perfil del urbanismo. «El territorio es una prioridad de esta nueva mayoría. Poner orden, componer, limpiar. Rescatar el paisaje de sus hipotecas. Sustraerlo a la voracidad. Cuidarlo como un activo patrimonial. Asegurar su continuidad, regeneración y mejora. Hacer del mosaico territorial una obra de arte, una filigrana trabajada por la acción humana e impulsada por la fuerza de la naturaleza. »Colaborar con los municipios desde la lealtad y la cooperación. Definir un nuevo modelo de administración. Crear un nuevo marco de descentralización del poder autonómico e impulsar una franca cooperación territorial y local. »Un nuevo plan de vivienda en el contexto de un urbanismo sostenible. Sostenible y compacto, que modere el crecimiento disperso y difuso, que incentive la rehabilitación del parque de viviendas y de los centros históricos y los barrios de las ciudades. »El debate del cemento no es cemento sí o cemento no; es cuánto cemento, qué cemento y dónde. Y no en todas partes. Calidad de los servicios e igualdad de los ciudadanos ante la oferta de servicios». El balance de la autonomía en Cataluña es muy positivo, pero tiene sombras. Ha fracasado en la articulación metropolitana, arrastra un déficit en infraestructuras de comunicación y, cuando las ha construido, no ha sabido ponerlas en relación con el planeamiento urbanístico; y, lo peor, partes sustanciales de la costa han sido seriamente dañadas con implantaciones residenciales y turísticas poco apropiadas. Tener ideas claras, fundadas en una sólida formación teórica y práctica, y la voluntad política necesaria para afrontar los retos, son las claves de cualquier proyecto territorial. Nadal, que como alcalde convirtió a la gris Girona en la ciudad del color y la capital con mayor calidad de vida de España, dispone de ellas.