AZNAR ha movido ficha, ha logrado para España la asignación de la Agencia Europea de la Pesca y se ha decantado por Vigo como sede del nuevo organismo. Se trata de un reconocimiento extraordinario que pudiera encerrar múltiples motivaciones, pero que se ajusta a un mérito real. La ciudad es el principal puerto pesquero de España y uno de los más importantes de Europa; cuenta con una clase empresarial que ha sabido competir en la globalización; dispone de astilleros pesqueros, de institutos de investigación científica avanzados, de centros universitarios del mar, de una marinería experta y capaz y de toda una tradición que arranca de los propios orígenes de la ciudad. La localización de la AEP en Vigo bien pudiera derivarse de la mera aplicación de un teorema de libro: hay factores, recursos, tejido productivo, capital humano, tradición y lo que es tan importante, voluntad de asumir todos los retos. Una demostración palpable la ofreció la reciente Feria Mundial de la Pesca celebrada en la ciudad el pasado mes de septiembre. Fue a su vez la necesaria contracara de la imagen internacional de la Galicia pesquera tras la catástrofe del Prestige ; no sólo de bajura se sostenía el sector, sino esencialmente de la pesca de altura, por la lejanía de los mares de extracción y por el nivel de los emprendedores del sector. Pero en la designación de Vigo también han podido confluir una afortunada confluencia de factores políticos y sociales. Carente de la capitalidad provincial, por la lógica prioridad histórica de Pontevedra, la ciudad no era capital de nada oficialmente significativo y sin embargo ha sido la primera en casi todo. Necesitaba una bandera institucional de renombre, una titulación urbana a la altura de sus logros. Y ahora la tiene, ya es la capital europea de la pesca. Pero ni siquiera la necesidad hubiera alcanzado tal meta si los agentes que debieran satisfacerla no lo hubieran querido. Y José María Aznar lo ha hecho, justo es reconocérselo. También se puede apuntar un interés electoral directo, coincidiendo la decisión de la sede con la elección en la ciudad de una alcaldesa de su partido. Espaldarazo a Corina Porro, que podrá decir que llega y besa el santo. Pero también apoyo a Mariano Rajoy, cuya circunscripción electoral originaria es la provincia pontevedresa. Y finalmente a Fraga y a su equipo, con mención especial para el europeísta López Veiga, que de nuevo se le compensa por los quebraderos del Prestige . Aunque no está nada mal que atendiendo a intereses propios se satisfagan intereses colectivos, racionales y objetivos. Es además una decisión oportuna cuando todo el sector está amenazado de recortes en las capturas. Hoy Vigo está de enhorabuena, pero también Galicia entera. Todos dependemos de la vitalidad de nuestras ciudades, de la calidad de nuestros conciudadanos, de su capacidad, éxito y valores. El progreso es resultado de la cooperación y reniega de la envidia. Felicitemos a los vigueses y alegrémonos por todos. Información en páginas de la 30 a la 32