S.O.S.: peligro de conformismo

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

EL ANIVERSARIO del Prestige nos ha dejado a todos, creo, un sabor agridulce. Este cronista lo ha vivido en Madrid y lo más notable ha sido la diferencia de percepciones. Esta vez no hablo de la clase política. Hablo de medios informativos. Quien haya escuchado, por ejemplo, la Cadena Ser, habrá obtenido la impresión de que todavía queda mucho chapapote, pues sus informativos han conectado justamente con las zonas todavía contaminadas. Quien haya buscado el dial de Onda Cero, habrá obtenido una imagen muy positiva, cercana a las «playas esplendorosas» que veía el ministro Trillo. Algo así ocurrió entre Tele 5 y Televisión Española. ¿Miente alguno de esos medios? No. Lo único que ocurre es que sitúan su punto de mira sobre dos realidades distintas y necesariamente parciales. Todo ello venía precedido de ese infausto informe de los agentes cancerígenos que puede hacer más daño, y más injusto, a los marisqueros y a la economía pesquera de Galicia que todo el recuerdo del petrolero. Para no contaminarse por ninguna de las perspectivas, quizá sea recomendable responder a algunas preguntas, como un test: ¿Hubiera firmado usted el actual estado de cosas cuando se empezó a verter el petróleo? ¿Hubiera firmado que, un año después, el marisqueo y la pesca iban a registrar los niveles de actividad que ahora registran? ¿Hubiera firmado que las playas iban a estar como están, aunque queden algunas zonas de roca todavía sin terminar de limpiar? Si las tres respuestas son afirmativas, es que la situación es buena. Se podrá seguir discutiendo si fue acertado enviar el barco a alta mar, si se han exigido las responsabilidades políticas, si la oposición también estuvo a la altura de las circunstancias, si los voluntarios fueron más útiles que los medios del Estado, o si se ha tardado demasiado; pero la costa que hoy contemplamos no tiene nada que ver con la imagen de desastre que hemos temido. Y hay que insistir: lo que se hizo mejor, que fueron las rectificaciones, se hizo porque la sociedad gallega -organizada en plataformas como Nunca Máis o con la voz de sus medios informativos- supo presionar a los poderes públicos. Les metió el miedo en el cuerpo. Dicho eso, la canción que más se escuchó ayer ha sido ésta: una catástrofe así puede volver a repetirse. ¡Dios mío! Lo peor que le puede ocurrir a Galicia y a toda la cornisa cantábrica es que el Gobierno de la Nación entienda que, como la gente está más tranquila, ya puede mirar hacia otro lado. Como la encuesta de Sondaxe dice que el pueblo ya asumió que el culpable es el armador, se ha salvado definitivamente la cara. Produce escalofríos sólo pensar que se puede caer en ese conformismo. Pero no lo descartéis.