QUIENES hemos escrito que sería un crimen contra la humanidad desaprovechar la oportunidad para la paz que significaba la hoja de ruta respaldada por el Cuarteto (ONU, EE.?UU., Unión Europea y Rusia) nos hemos ido quedando sin palabras a medida que aumentaba el encono y se disparaba la brutalidad en Oriente Próximo. Sin embargo, ésta es la realidad: se está truncando, con una irresponsabilidad pasmosa y con una impunidad inexplicable, la mayor y más prometedora ocasión de ordenar la convivencia entre judíos y palestinos y llevar a la zona un horizonte de esperanza. Muy lejos de cualquier expectativa favorable, la ilusionante hoja de ruta se ha convertido en algo simplemente ilusorio, por obsoleto, y ya no representa una perspectiva de pacificación real para nadie. Porque ya no hay nada que signifique una esperanza en esa espiral de violencia y de saña que crece y se expande en el Cercano Oriente (ahora también hacia Líbano y Siria). Ambas sociedades, la judía y la palestina, se han radicalizado imparablemente, y Estados Unidos no ha tenido el acierto ni la determinación de imponer un calendario de paz de obligado cumplimiento. Al final, Bush prefiere amparar a Ariel Sharon, que es la peor forma de tomar partido por los israelíes, entre los cuales agonizan, cada vez con menos apoyo y más silenciados, los verdaderos defensores del entendimiento y de la paz. De este modo, los americanos acaban por trasladar la responsabilidad del desastre a la actitud dual o ambivalente de la Autoridad Palestina. Dicho más claro: acaban por considerarla culpable del terrorismo de Hamás, Yihad Islámica y demás grupos radicales. Y, naturalmente, eliminan de la ecuación al asediado Yaser Arafat (devorador de Abu Mazen y de Abu Alá) por estimar que consiente la existencia organizada de estos fanáticos. Pero la ecuación incluye una gran responsabilidad del Gobierno de Israel. Sharon ha convertido al terrorismo de Hamás en la excusa con la que justifica sus propios excesos. Como si se hubieran convertido en aliados contra la paz. Y por este camino no hay más que sangre. Todos a merced de los más inhumanos.