Para enviar preguntas: COMO SABRÁN (La Voz, 10-9) España es uno de los países candidatos a la construcción del reactor nuclear de fusión, conocido como ITER, un proyecto internacional de gran envergadura destinado a producir electricidad a partir del control de las reacciones de fusión. En la actualidad, la producción de electricidad se logra mediante reactores de fisión, que usan como combustible átomos grandes (uranio, plutonio), que se rompen (fisionan), al mismo tiempo que desprenden gran cantidad de energía. La fusión es el proceso inverso de la fisión, es decir, es la unión de átomos pequeños (hidrógeno y sus isótopos: deuterio y tritio) para dar otros de mayor masa (helio). La fusión produce una elevada cantidad de energía, que se pretende aprovechar para generar electricidad. Los reactores de fusión experimentales no son rentables. Se pretende que el ITER lo sea. Para lograr la fusión termonuclear es necesario alcanzar temperaturas y presiones equivalentes a las que existen en el Sol y en las demás estrellas, en donde la fusión es espontánea. A esas temperaturas toda la materia está en forma de plasma: los átomos no existen como tales y, sus núcleos (positivos) están separados de los electrones (con carga negativa). En presencia de campos magnéticos, las partículas cargadas del plasma sólo pueden moverse libremente a lo largo de las líneas de fuerza del campo magnético. Aprovechando esta propiedad, el plasma es retenido (confinado) en el interior de un campo magnético complejo (una especie de botella magnética) sin que toque las paredes, porque no existe ningún material capaz de resistir temperaturas tan elevadas. Para tener una idea de como funciona la botella magnética podemos recurrir al símil de un tornado (o de un remolino), en cuyo interior quedan atrapadas partículas que se elevan por efecto de la rotación del aire. En los últimos meses (años), hemos venido asistiendo apenas como espectadores a una constante y creciente fuga de usuarios de avión hacia otros aeropuertos situados fuera de Galicia, especialmente Oporto y Madrid. Mientras tanto, los responsables de los aeropuertos gallegos (y de sus ciudades respectivas) discuten y compiten por obtener mejoras en sus infraestructuras, conduciéndonos a la situación actual de tres aeropuertos muy cercanos entre sí, pero carentes de complementariedad en sus rutas ofrecidas y con escasísimos enlaces internacionales. Al mismo tiempo se emprende la construcción de una infraestructura (tren AVE A Coruña-Santiago-Vigo) con vocación de conectar en tiempos inferiores a 40 minutos las tres ciudades. La propuesta de optimización es la de utilizar el todavía en construcción tren de alta velocidad, como medio de unión de alta frecuencia entre los centros de las dos grandes ciudades gallegas (Vigo y A Coruña) con el más dotado y mejor situado aeropuerto gallego (Lavacolla, Santiago). Así, y con la potenciación de éste último, todos los ciudadanos de las tres ciudades podrían disponer de un gran aeropuerto a una distancia en tiempo inferior a 40 minutos desde el centro de su lugar de residencia con mayores ofertas de servicios y conexiones de las que disfrutamos (sufrimos) los usuarios en la actualidad. Evidentemente, el resto de los ciudadanos de Galicia serían además también beneficiados con esta potenciación y mayor posibilidad de oferta. Por el estado incipiente de las obras, parece que la modificación de los trazados del AVE para hacerlo pasar por Lavacolla uniéndolo con Vigo y A Coruña sería todavía posible e imagino no demasiada costosa comparándolo con los beneficios obtenidos. José A. Castro. Vigo.