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PUEBLO O CIUDADANÍA, esta es una de las cuestiones de fondo del conflicto vasco; al menos en su vertiente interna. El documento que presentará Ibarretxe en el Parlamento vasco comienza con los derechos históricos del pueblo vasco, y los pone delante y encima de los derechos de los ciudadanos vascos. Pero, a estas alturas, ¿quién es el pueblo vasco? Tras los movimientos migratorios que conducen en todas partes del mundo a la mistura, ¿es posible hablar de pueblo vasco? Pueblo, lengua, país. Son los elementos para la construcción nacional de Euskal Herría como nación y Estado asociado, en todo caso, a España y a la UE. Pueblo son las gentes que puedan mostrar que pertenecen a los vascos, incluso no conociendo Euskadi, viviendo en América. Basta con tener apellidos y rasgos físicos, no haber renunciado a la pertenencia a lo que pomposamente llaman diáspora vasca. Y, a continuación, por decisión jurídica, se les adjudica carta de naturaleza de ciudadanos vascos. Los ciudadanos vascos, residentes y empadronados en municipios de Euskadi, disfrutan de los derechos sociales propios del ciudadano, pero, tenemos serias dudas de si son pueblo vasco. En la conferencia del Hotel Carlton, de Bilbao, en 1995, se discutió si, en caso de referéndum los que no eran pueblo vasco, aun siendo vecinos de derecho de la comunidad, pudiesen votar, mientras que tal derecho al sufragio se les concedía sin dudas a los vascos de ultramar. Y esto que digo divide a las gentes, desvertebra la sociedad, resulta imposible de aceptar en el tercer milenio, pero sigue siendo núcleo intangible del discurso nacionalista. Ahora entenderán mis lectores la famosa frase de Arzalluz de: «Trataremos a los españoles que vivan en Euskadi como se trata a los alemanes en las Baleares». Si se aceptara el derecho de los vascos a ser para decidir, si lograran ser un nuevo Estado, si alguien bien intencionado pensara que así se terminaba el conflicto, descubriríamos que se abría otro entre vascos, precisamente por el derecho a ser ciudadanos sin más límites que el de la ley. Lo mismo que debemos preguntar al ideólogo del documento en cuestión, si le preocupa que Álava, donde hay mucha ciudadanía vasca y poco pueblo vasco, lo rechace, y por fin, ¿qué piensan hacer con quien defienda su dignidad a ser ciudadano? Mucha utopía romántica y poco espíritu para encontrar el punto de encuentro.