FUE EL radical francés León Gambetta quien pronunció la célebre sentencia que ahora utilizo para abrir esta columna. «Le cléricalisme, voilà l'ennemi» (el clericalismo, he ahí el enemigo), proclamaba Gambetta en la segunda mitad del siglo XIX. Después de haber sufrido el viernes un trance irrepetible -una parte del programa de televisión Todos con la copla, que dirige el actual rey de la caspa españolista José Manuel Parada-, no puedo por menos de imitar a don León y, tras desenmascarar al enemigo, gritar ¡socorro! Socorro, sí, porque una hora de Todos con la copla (que dura casi tres, según puede comprobar horrorizado en la parrilla de La Voz) contribuye a minar la unidad de España tanto, si no más, que las indecorosas homilías de Ibarretxe, las ideas peregrinas de los pintorescos Elorza o Maragall o las mamarrachadas del nacionalismo radical. Y es que Todos con la copla, que se une a un engendro de categoría comparable -Cine de barrio, donde el tal Parada emite semana tras semana lo peor del más apestoso e ínfimo cine nacional- es, quintaesenciada, una muestra delirante del esperpento hispano: puro franquismo sociológico. Abuelas que pasean su duro envejecer desgañitándose; tipos imposibles con camisa de chorreras, sombrero de rejoneador y capa de torero; cantaores sacados de Dios sabe qué figones; cuadros flamencos de los que -pobriños- se contratan sólo por la cena, todo en la bochornosa cosa de Parada recuerda a esa machadiana España devota de Frascuelo que juntos hemos superado con la actual España plural y democrática. De hecho, es la idea predemocrática de España (la de Eeeejjjjpaña, para llamar a las cosas por su nombre) la que da (sin)sentido a esa vergüenza pagada con el dinero de las españolas y españoles, ofensiva para todos los que no estén en los bordes del nacionalcoplacaspismo. Al igual que todos mis colegas que saben del asunto, yo también creo que la cantinela de la involución autonómica del Partido Popular (que reproduce la previa cantinela de la involución autonómica del Partido Socialista) es un cuento para incautos que no resiste ni el más mínimo contraste con la marcha real del proceso descentralizador. Pero, aunque las cosas son así, cuando se ve la España odiosa que reflejan productos inmundos como Todos con la copla y otros de jaez equiparable, uno llega a preguntarse qué puede llevar a la dirección de RTVE a convertir a un sujeto de aspecto ridículo, habla inexistente y profesionalidad desconocida en quintacolumna del más rancio antiespañolismo: pues eso y sólo eso puede provocar el majadero, trasnochado y cutre españolismo de Parada y sus copleros.