TODO EMPEZÓ con una indicación de Aznar: el debate político ha de circunscribirse a la gestión municipal y a la celebración de la jauja en la que vivimos desde que él nos protege. Asumido como acto de fe su rol de garante de -la beneficencia, la seguridad, la unidad patria y otras tantas cosas-, recuperada la dignidad y la autoestima, el presidente se dedica ahora a la eficacia. Son otros los que enredan: él gestiona, crea riqueza, sitúa a España en el mundo. Ojalá lo de Marruecos no sea la constatación de su éxito. Los candidatos del popular partido en Galicia tomaron buena nota. En Vigo escrituraron ante notario un compromiso electoral arriesgado, higiénico y pionero en el mundo occidental: basura gratis para todos. La candidata popular a la alcaldía de Lugo, para regocijo de los menesterosos, desveló en público que su mitad del piso, al igual que la de su marido, están hipotecadas. La guinda de esta apología de lo cotidiano, en fin, la puso la política de rifa del alcalde de Ames, quien en recientísima visita a Argentina sorteó dos pasajes de avión entre los emigrantes con derecho a voto. Dejémonos de chapapote y de miserias. La campaña ha parido una nueva forma de hacer política, que conjuga un natural desparpajo con el debate de fondo, sintetizado en la frase más seguridad, menos impuestos . Ya ven ustedes: no sólo la televisión ha degenerado.