La fosa atlántica

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

19 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

HA SIDO una semana de cambio acelerado, casi de vértigo histórico. Tras la tormenta de amenazas sobre Damasco, estribada en supuestas complicidades sirias con el destruido sadamismo, el quite hispano-británico de descargo frente a las sospechas, el rechazo sirio a toda inspección internacional y su propuesta -¿tiro de mortero sobre el eje Washington-Jerusalén?- de eliminar las armas de destrucción masiva en todo el Oriente Próximo. Debelado el riesgo iraquí sobre la región, pierde su sentido la sobredotación israelí de armas disuasorias: biológicas, químicas y nucleares. Basta el paraguas americano: la nueva cartografía resultante de la guerra de Irak debe suponer también equilibrios nuevos en el armamento regional. Esa propuesta siria de desarme es la primera reacción de fondo frente al nuevo estado de cosas en la zona y dato de obligada referencia en la hoja de ruta para la creación del Estado palestino. Y si para EE.?UU. la evidencia de que Corea del Norte es potencia nuclear ha llevado a la actual negociación en Pekín, parecida certeza con Irak habría evitado la guerra. Pero eso ya es agua pasada. También lo es el abismo que se creó en las relaciones atlánticas, dentro del ámbito de la OTAN; y en el seno de la UE, entre el eje franco-alemán y el resto de los Quince -¿excluida Bélgica?- y de los Veinticinco, a partir de la cumbre de Atenas. Más allá del rebote galo en el AVE hispano-francés con objeciones administrativas para el túnel del Pirineo, recosidas quedan las relaciones euro-americanas mediante suturas de urgencia sobre la fosa atlántica. Es pronto para decir aquí no ha pasado nada . Veamos qué ocurre con la reconstrucción de Irak. Es, como se dice, la prueba del nueve para EE.?UU., para Europa y para las Naciones Unidas.