LA SOCIEDAD está seriamente preocupada por el episodio del Prestige , planteándose preguntas de todo tipo. Muchas son sectarias y de respuesta complicada, pero hay una general que puede contestarse de forma sencilla: ¿Cuándo volverán las aguas gallegas a ser las mismas que antes? Para responderla nos centraremos sólo en la toxicidad ambiental del fuel vertido, sin considerar aspectos tales como los efectos físicos del chapapote, el impacto sanitario, económico, social, etcétera. El vertido. La amenaza química del fuel se centra en unas sustancias naturales cuyo compuesto de referencia es el llamado benzo[a]pireno (en adelante BaP). El Comité Científico Asesor del CSIC establece para la carga del Prestige un índice de toxicidad equivalente de 50 (http://www.ccaprestige.es/informeprestige8.pdf). Esto quiere decir que es como si el fuel no contuviera más que BaP a una concentración de 50 gramos por tonelada. En el peor de los casos para las aguas gallegas (que se hayan vertido 50.000 toneladas y que todo su BaP haya pasado al agua) se habrían dispersado 2,5 toneladas de BaP por el corredor marítimo de Finisterre.Su toxicidad. Existen listas donde se tabula la toxicidad aguda de las sustancias, siendo las de los EE. UU. de las más avanzadas (http://epa.gov/waterscience/criteria/). Para el BaP en el medio marino la cifra es de 300 gramos por cada millón de litros. Pero hay otras sustancias que son más venenosas que el BaP. La mayoría de ellas son biocidas artificiales, el hombre las ha diseñado y fabricado para matar. En este respecto hay que considerar al tributilo de estaño (en adelante TBT), un agente de las pinturas que se aplican a los barcos para proteger sus cascos. Es un tóxico muy potente, de manera que se ha establecido para este TBT un criterio que es 800 veces menor que el del BaP del fuel.La situación de partida. Considerando los valores medios de velocidad de crucero, superficie húmeda y tasa de desgaste de las pinturas, se puede estimar que los barcos que utilizan el corredor marítimo gallego liberan 1,64 toneladas de TBT al año. En una semana como la del 13 al 19 de noviembre de 2002 habrían sido 32 kilogramos de TBT (80 veces menos que el BaP vertido por el Prestige en el mismo tiempo). Haciendo equivalente la toxicidad del BaP del fuel y la del TBT de las pinturas, concluiríamos que en esa semana el vertido tóxico en la fachada atlántica representó un 110% de lo normal (el 10% sería lo del fuel y el 100% sería lo de las pinturas). Así, el Prestige habría contribuido sustancialmente al aporte tóxico en esta escala temporal, pero si pensamos que la introducción de TBT es constante y regular (desde hace décadas y todavía por unos cuantos años más) nos daremos cuenta de que lo del Prestige no es más que una gota en un vaso de agua. Y es precisamente en este punto donde radica la tragedia, en que un episodio tan nefasto sea en realidad algo tan nimio desde el punto de vista ecotoxicológico.El daño ambiental suele ser cotidiano pero imperceptible, de forma que la sociedad lo va asimilando sin darse cuenta. Con los recursos apropiados, la ciencia puede alertar del peligro, a veces incluso reducirlo, pero casi nunca eliminarlo del todo. La protección a largo plazo del medio ambiente es, por ello, no tanto un problema técnico como uno moral y ético que sólo puede ser resuelto si reducimos drásticamente la poderosa influencia de los valores materialistas.