Aznar en la encrucijada

TEODORO G. BALLESTEROS

OPINIÓN

19 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

A ESTAS ALTURAS de la no-guerra, el presidente Aznar continúa siendo, junto al británico Blair, escolta fiel y seguidor inalterable del mandatario norteamericano en el continente, quien por razones cada vez más difíciles de explicar, pero más fáciles de entender, sigue empeñado en acabar con el régimen iraquí. El resultado de esta actitud, sin necesidad de consultar las entrañas de las ocas mediáticas, es la pérdida de apoyo popular que puede originar una bajada considerable de votos en las inmediatas elecciones del 25 de mayo, y en las no tan lejanas del 2004. En el ámbito nacional nuestro presidente lo tiene complicado. Ante la falta de argumentos, los inspectores de la ONU no encuentran por parte alguna las tan cacareadas armas de destrucción masiva, Aznar, ferviente admirador de Bush, pide a los españoles un acto de fe. Es decir, que sin valoraciones propias creamos lo que nos dice, porque nos lo dice él. Postura bastante usada por novios y demás parejas en época de celo, pero que en política roza el absurdo integral. Lo cierto es que sus dos intervenciones parlamentarias no han convencido a nadie, salvo a los que querían convencerse. En la primera fue el líder carismático al que debemos seguir bajo palabra de honor; y en la segunda, con la resolución adoptada el día anterior por el Consejo Europeo sobre la mesa y una calculada ambigüedad en su exposición, consiguió que se asumiese, mayoritariamente, lo aprobado por la diplomacia europea, que no es otra cosa que la guerra cuando lo decida el Consejo de Seguridad. Y mientras tanto en la calle, por más interpretaciones interesadas y dispares que quieran darse, se han manifestado contra su comportamiento cinco millones de personas. Sin música Internacionalmente, en esta vieja Europa de Bush, la propaganda de la guerra no tiene más influencia que los sermones de los monaguillos en las misas de difuntos. En el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la ministra Ana Palacio canta bien, pero sin música. Y la OTAN camina por otros derroteros, y allí ni se canta, porque la música y la letra la ponen otros. Si lo anterior sirve como pincelada breve de la realidad, ¿cuál es la causa de que Aznar se convierta en el adalid de Bush en el continente europeo? ¿Quizás para que la Administración norteamericana continúe sujetando al reino de Marruecos a fin de que no inicie su particular reconquista?; ¿ tal vez en evitación de que algunos piases, fáciles de manejar, del continente americano se vuelvan contra España?; ¿por la colaboración que, suponemos, viene produciéndose desde el 11 de septiembre, en materia de terrorismo?. A lo mejor hay otras razones, pero las que fuesen, tenemos derecho a saberlas, porque también se juega con nuestra paz.