La guerra preventiva

| TEODORO GONZÁLEZ BALLESTEROS |

OPINIÓN

30 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

HAY DÍAS en que uno se amanece con la pesadilla de que la guerra es mañana o fue ayer, y se imagina los misiles norteamericanos matando a los mismos muertos de aquella otra guerra del Golfo de 1991, que inició Bush padre en defensa del petróleo kuwaití. Por cierto, que nunca supimos el porcentaje de población iraquí desaparecida, tal vez porque los agresores debieron comprender que su enumeración afectaría negativamente las encuestas sobre intención de voto del provisional inquilino de la Casa Blanca. Si entonces el motivo oficial fue la ocupación de territorio de Kuwait por el ejercito de Sadam Huseín; hoy lo es porque -dicen- en Irak hay armas nucleares, biológicas y químicas de destrucción masiva. Armas que nadie parece haber visto, ni encontrado los inspectores de Naciones Unidas. Y para terminar la cita, recordar que en 1991, el inicio de la guerra se hizo sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU. Sadam es, y no parece haber muchas dudas al respecto, un dictador tiránico que gobierna un país geográficamente rico, el segundo con mayores reservas de crudo del mundo, social y culturalmente pobre y espiritualmente fanático, imponiendo la represión como fundamento de su poder. Un monstruo construido políticamente por Occidente, que a buen precio le vendió todo su arsenal militar. Es decir, las armas que ahora no aparecen y que buscan requisar los inspectores de la ONU. Parece obvio, por tanto, que EE.?UU. no atacará hasta que conozca el lugar exacto donde se encuentran para destruirlas con misiles; o bien tener el convencimiento de que ha dispuesto de ellas traspasándolas a otros países del Golfo. Bush y sus hombres han inventado la defensa preventiva, que les autoriza a declarar el derecho a ir a la guerra contra cualquier nación que pueda suponer un peligro, no sabemos para quién, y que tira al cesto de los papeles tres siglos de derecho internacional público. En Davos, hace tan solo cinco días, el secretario de Estado norteamericano se ha referido orgulloso al derecho soberano de actuar militarmente contra Irak. ¿Cómo se legitima, o en qué leyes internacionales se ampara ese derecho soberano a matar? EE.?UU. lleva diez meses expandiendo propaganda por los cinco continentes tratando de convencer al mundo de la necesidad de ocupar militarmente Irak, y parece que sólo ha convencido a los mandatarios que tiene subvencionados. Nada ha dicho acerca de que en los próximos años casi el 70% del petróleo que consume internamente tendrá que provenir del exterior, según aparece en el informe del National Energy Policy Development Group de mayo de 2001, actualizado por el International Energy Outlook del departamento de Energía correspondiente al año 2002. Y únicamente hay cuatro zonas de producción que le puedan abastecer: Oriente próximo, el mar Caspio, África subsahariana y América Latina. Y es claro que la zona que estratégicamente más le interesa, también desde el punto de vista de ensayo armamentístico, es el golfo Pérsico. Habrá invasión, con o sin permiso de la ONU. Y mientras, Europa continuará mirándose el ombligo y discutiendo sobre el color del aire en primavera.